Muerte en las calles, Ciclo 1 - Valentin O'Rossi - Capítulo 2: Pesadilla antes de Navidad.

Muerte en las calles - Ciclo 1

Valentín O’Rossi. Acto IV, Capítulo II: Pesadilla antes de Navidad


Hermanos, anoche tuve un sueño de lo más peculiar. Era diferente a mis ya habituales pesadillas con sir Modred, que en ocasiones me llevan al abismo de la locura. Esta vez yo no participaba en el sueño, sino que era un mero espectador de la desdicha de mis hermanos de batalla. El escenario era una realidad paralela al mundo en que nos encontramos, la colmena Ferrum.

Esta se encontraba recubierta de nieve, luces y otros múltiples adornos de lo más variopinto que uno pudiera esperarse en este mundo apocalíptico. Por alguna razón que desconozco, mis hermanos caminaban junto a un destacamento de Ángeles Oscuros y de Orkos, quienes, en una especia de tregua navideña, parecían estar sin aparente hostilidad hacia nosotros. En mi sueño, reconocí especialmente dos figuras, la Sacrosanta Galatea y el Doktork Grapadora, que trataban de liderar sus respectivas huestes. Al otro lado de esta bucólica escena no podían sino situarse las fuerzas de Typhus y los Necrones con su retorcido líder. De manera similar, un ejército de cucarachas parecía tener un extraño y baboso guía, el antiguo emisario Enoc.

Ambos bandos, extrañamente separados por una fortaleza y bosque de árboles navideños, pastaban pacíficamente en el nevado terreno, cuando de repente apareció un duendecillo rojo con unas endiabladas bolas de nieve. Estas bolas se dirigían sin ningún tipo de control hacia unos y otros, sin distinción. Su único propósito era el de explotar y llevarse consigo todo cuanto pudieran.

Por alguna razón, en mi sueño, todos los allí presentes llegaron a la conclusión de que estas bolas de nieve contenían algo muy valioso en su interior, y que debían hacerse con ellas a toda costa. Pero no era una tarea sencilla, ya que la bola era muy delicada y estallaba al mínimo roce.

Fue entonces cuando ocurrió. Sin ningún tipo de piedad, comenzaron los disparos y las traiciones. En ambos bandos rugía el metal y el fuego de las balas, y todo era permitido con tal de hacerse con el control de las bolas de nieve. “¡Esa es mi pelota, h***### de p€€~$!”, gritaron los cobardes Ángeles Oscuros tratando de traicionar sin éxito a mis hermanos. Les salió cara la traición, ya que no lograron hacerse con el control de ninguna bola. “¡Karma navideño!”, decían los míos.

Los orkos, cobardemente, trataban de esconder su pelota bajo un refugio para que no se la robaran, pero la pelota tenía voluntad propia. Las cucarachas, en interminable número, lograban rodear las bolas y las controlaban suicidándose contra ella muy poco a poco, como si estuvieran saciando su furia contenida. Typhus y Cypher se dedicaban a dar por saco en todo el terreno de juego, haciendo explotar todo a su paso y masacrando los demás contrincantes.

Finalmente, como no podía ser de otra manera, mis hermanos alados de la Guardia Sanguinaria se lanzaron exitosamente como bestias hacia la pelota controlada por los zombies enemigos. Parecía que habían conseguido hacerse con el mando de dos bolas simultáneamente, cuando sucedió una tremenda explosión.

Mi sueño terminaba con el centro del mapa derretido, y cadáveres esparcidos por doquier. La explosión simultánea de tres bolas acabó con todos los participantes, con la navidad, y con mi sueño. ¿Qué os parece?

Todos los presentes en la cena se quedaron enmudecidos. Habían tenido el mismo sueño. Y entonces se dieron cuenta que las juntas de sus armaduras tenían restos de nieve.

Conversación de la Cena de Nochebuena de Valentín y sus tropas

No hay comentarios:

Publicar un comentario