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La Leyenda de Muñoncitos, el Goblin de la Mala Suerte... y la Mejor Suerte
En los rincones más oscuros y sucios de los campamentos orkos, donde los gritos, los disparos al aire y las peleas sin sentido son la norma, se cuenta la historia de un goblin al que nadie olvida… aunque casi nadie sabe su verdadero nombre. Todos lo llaman simplemente Muñoncitos, porque, bueno... tiene más palos que extremidades. Pero su leyenda no es solo por sus lamentables apéndices de madera, sino porque, contra todo pronóstico, ha sobrevivido a situaciones que harían temblar hasta al más duro de los guerreros pielesverdes.
Muñoncitos no siempre fue el despojo ambulante que es ahora. En algún momento, era solo otro insignificante goblin corriendo de un lado a otro, intentando que los orkos más grandes no lo usaran de pelota, explosivo o aperitivo improvisado. Pero un día fatídico, todo cambió. Era el peor momento en el peor lugar, y como siempre, el goblin estaba justo en el centro del caos.
El Encuentro con la Beztia
La Beztia, el colosal profeta de la WAAAGH! y destructor de sistemas enteros, estaba cabreada. Muy cabreada. Nadie sabe exactamente por qué, pero lo que todos acuerdan es que la Beztia quería demostrar que era el mejor orko que jamás había existido. Sin más preámbulos, el enorme líder verde miró a su alrededor, buscando algo o alguien para convertir en el blanco de su furia. Y entonces… sus ojos se posaron en el goblin más insignificante de todos: un pequeño ser verde tembloroso con la cara llena de tierra y la mirada más desesperada que se haya visto jamás.
El enorme dedo de la Beztia lo señaló. "¡VEN PA' 'CA, GROT!" tronó la voz como un trueno.
El goblin intentó escapar, pero con un solo paso, la Beztia lo atrapó, levantándolo como si fuera una hoja. Y, en un arrebato de inspiración orka —o locura divina, quién sabe—, la Beztia decidió que el goblin sería su prueba.
"¿SOY EL MEJOR ORKO O NO?" rugió, sosteniendo al goblin por el cuello con una sola mano. El goblin, aterrado, no dijo nada. Simplemente balbuceó algo incomprensible, lo cual no ayudó en absoluto.
"¡VAMO' A DESCUBRIRLO!" Y entonces, como si estuviera jugando con una flor, la Beztia empezó a arrancarle las extremidades.
- Primero fue el brazo izquierdo. "¡SOY EL MEJOR!" gritó la Beztia.
- Luego el brazo derecho. "¡NO LO SOY!"
- Después una pierna. "¡SOY EL MEJOR!"
- Y finalmente, la otra pierna. "¡NO LO SOY!"
Cuando la Beztia alzó al pequeño goblin, ahora reducido a un torso que temblaba como gelatina, el orko preparó su mano para el golpe final. Estaba a punto de arrancarle la cabeza, pero entonces, en un giro de acontecimientos digno de un milagro del Caos, el goblin balbuceó desesperadamente: "¡Eres el mejor, jefe! ¡El más grande de todos! ¡La peña ni te llega a los talones! ¡Todos saben que ningún orko se te compara!"
La Extraña Suerte de Muñoncitos
Contra todo pronóstico, Muñoncitos empezó a sobrevivir a situaciones absurdas. Cuando un kamión orko lleno de munición explotaba, todos morían excepto él, que salía disparado al aire para aterrizar en un charco suave de lodo. Cuando los tiránidos atacaban, los gantes simplemente lo ignoraban, como si no valiera la pena. Incluso un komando lo usó como escudo una vez, y las balas rebotaron en sus palos de madera como si fueran de metal puro.
El Buitre que Espera
Pero no todo es color de rosa para Muñoncitos. Desde el día en que perdió sus extremidades, un pequeño buitre negro comenzó a seguirlo. Nadie sabe de dónde vino ni por qué lo acompaña, pero el ave parece tener un interés morboso en el goblin. Siempre está ahí, posado cerca, como si esperara pacientemente a que la suerte del goblin finalmente se agote.
El Goblin Inquebrantable
Hoy en día, Muñoncitos es una leyenda viva entre los pielesverdes. Se le puede encontrar colgado del cinturón de algún jefe orko, amarrado con cuerdas como una marioneta, o liderando accidentalmente una carga porque alguien lo lanzó demasiado lejos. Su pequeño cuerpo lleno de cicatrices y sus extremidades de madera son un recordatorio de que, incluso en el universo más cruel y despiadado, hay espacio para lo absurdo.
Y mientras Muñoncitos siga vivo, con su buitre siguiéndolo de cerca y su suerte desafiante, los orkos tendrán una historia para contar en las noches de guerra. Una historia de supervivencia, absurdidad y pura suerte al estilo orko.
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