Muerte en las calles, Ciclo 1 - Enoc EXTRA - Capítulo 3:

Muerte en las calles - Ciclo 1

El susurro de Xanatar


En la oscuridad de la nave, sólo el constante zumbido de los reactores antiguos rompe el silencio. Mi hogar, un relicario flotante perdido en la vastedad del espacio, la última muestra de la grandeza de mi pueblo: una nave de manufactura Zoat, su estructura una mezcla imposible de ingeniería orgánica y mecánica, tan viva como yo mismo. Cada respiración de sus paredes vivientes resuena en mi pecho, un recordatorio de lo que alguna vez fuimos… y de lo que ahora soy: el último de mi linaje.

Estoy solo. Siempre he estado solo. La reunión del Astra Consilium fue, como siempre, un desfile de ego y conflicto. Cada uno de esos líderes, tan encumbrados en sus propios ideales y ambiciones, no eran más que piezas de un tablero que ni siquiera comprenden. Ni siquiera sé por qué fui. No participé en la votación; no escuché los discursos. ¿Qué importa Alastor y su búsqueda desesperada? ¿Qué importa el Obscurum, el Misterium o las intrigas de las facciones?

Nada de eso importa ya.

Porque ahora, sólo un nombre domina mi mente. Xanatar.

Xanatar.

Las palabras de la Entidad aún resuenan en mi cabeza, un eco imposible de acallar.

—"Todo lo que buscas, todo lo que ignoras, todo lo que temes… se encuentra en Xanatar."

La forma en la que lo dijo… fría, calculada, como si hablara no sólo conmigo, sino a través de mí. Como si las palabras estuvieran destinadas a despertar algo que había estado enterrado en lo profundo de mi ser.

Desde entonces, mi mente no ha conocido descanso. Lo veo incluso cuando cierro los ojos: un lugar perdido en la oscuridad, un mundo envuelto en sombras y misterio. Xanatar. Lo he oído antes, lo sé. No en esta vida, no en este tiempo, pero en algún rincón olvidado de mi alma, esa palabra resuena como una canción familiar.

¿Qué es Xanatar? ¿Por qué me lo susurró la Entidad? Y, más importante aún, ¿por qué tengo la certeza de que debo ir allí?

Me levanto de mi trono en la sala central de la nave. Es una estructura alienígena, formada por un material que parece carne endurecida y metal fusionado, todo pulsando suavemente con vida. El aire aquí siempre es cálido, como si la nave misma respirara conmigo. Extiendo una mano, dejando que mis dedos recorran las paredes, sintiendo los latidos de este antiguo coloso.

—"¿Lo sientes también?" —susurro, más para mí que para la nave.

La nave no responde, pero sé que me escucha. Siempre me escucha. Ella es lo único que queda de mi linaje, de los Zoat, de nuestro intento de trascender. Mi especie construyó estas naves como una extensión de nosotros mismos, como un hogar y una herramienta para navegar la inmensidad del universo. Pero ahora, esta nave es sólo un mausoleo flotante, un testigo mudo de la extinción.

Y sin embargo, siento que incluso ella se inquieta cuando pienso en Xanatar.

Regreso a mi cámara de observación, una vasta sala abierta con un ventanal que se extiende hacia la eternidad. El espacio se despliega frente a mí, salpicado de estrellas y nebulosas que parecen bailar en la distancia. Pero ninguna de esas maravillas logra distraerme. Mi mente sigue atrapada en ese único pensamiento.

Xanatar.

¿Qué soy yo sin respuestas? Toda mi vida ha sido una búsqueda, un intento desesperado de encontrar un propósito en un universo que no tiene piedad para los últimos rezagados...

Y con eso, la nave se pone en marcha, llevándome hacia lo desconocido, hacia el final de mi búsqueda… o el principio de mi destrucción.

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