Muerte en las calles, Ciclo 1 - Alastor - Capítulo 2: La Acrópolis Marchita - Nieve en lo Profundo.

Muerte en las calles - Ciclo 1

Alastor - Capítulo 2: La Acrópolis Marchita - Nieve en lo profundo


Los ecos metálicos de mis pasos resonaban en la profundidad de la Acrópolis abandonada, un vestigio olvidado de una dinastía que hacía tiempo se había desmoronado en el polvo de la historia. Su grandeza se veía ahora reemplazada por la desolación. Monolitos fracturados y jeroglíficos gastados, grabados que narraban cuentos de glorias extintas, adornaban las paredes, testigos mudos del tiempo y la decadencia. A mi alrededor, los protocolos de reanimación, oxidados y silenciados durante milenios, esperaban mi toque para devolverles la chispa de vida.

Pero no estaba solo en esta oscuridad. Ante mí yacía el cuerpo desmembrado de El Retorcido. Su chasis ennegrecido por la explosión era una grotesca muestra de una mente que había presenciado horrores indescriptibles y conocimientos prohibidos. Era irónico, pensé, que yo estuviera dedicando mi tiempo a reparar un artefacto vivo tan roto, tan desquiciado, mientras me encontraba rodeado de tecnologías que podrían ser restauradas para servir propósitos más grandiosos. Pero no. Él era crucial.

Incliné mi cuerpo hacia adelante, observando con detenimiento los rastros dejados tras su inesperado colapso. Las muestras extraídas del lugar de la explosión desconcertaban incluso a mi vasta base de datos. Polvo de algo que parecía Cinnamomum verum (canela), fragmentos de Zingiber officinale (jengibre) y partículas de Chionodoxa luciliae (una flor conocida como gloria de la nieve). Plantas terranas extintas desde hacía milenios, imposibles de encontrar incluso en las cámaras más protegidas del Mechanicus. Era un sinsentido.

"¿Cómo han llegado aquí?" murmuré, ajustando las lentes de aumento de mi visor para examinar una mota de polvo en mi dedo.

El olor impregnaba el aire, una mezcla dulce y amarga que no tenía cabida en este lugar. ¿Una interferencia disforme? ¿Un mensaje? ¿Un capricho de esa cosa que he denominado "la Entidad"? Mis datos sugerían que durante esta época, en años anteriores, las tormentas de la Disformidad tendían a alcanzar niveles caóticos. Era como si el Immaterium estuviera jugueteando, manifestando algún tipo de humor perverso que los mortales no podían comprender.

El Retorcido había explotado sin advertencia, sus sistemas sobrecargados mientras procesaba lo que, según mis estimaciones, era una combinación de recuerdos corruptos y archivos dañados. Pero lo que había vislumbrado al revisar los fragmentos de su banco de memoria me desconcertaba.

Muñecos de nieve danzando en campos de batalla. Explosiones de luces y colores. Un goblin vestido de rojo, agitando un saco mientras lideraba una guerra interminable. Ángeles oscuros y sangrientos luchando codo a codo contra tiránidos, orkos y el Caos liderado por Pandemius en persona.

"Fantasías", susurré, mientras ajustaba los nodos de conexión de su columna vertebral. "Archivo tras archivo, todo dañado. Simple corrupción causada por el Immaterium, nada más." Pero incluso mientras lo decía, la duda germinaba en mi mente. Había algo en esos fragmentos que no podía descartar tan fácilmente. Eran... demasiado específicos, demasiado reales. ¿Una verdad enterrada? ¿Una distorsión temporal? El Multiverso era vasto, y la Disformidad no respetaba los límites de la lógica.

Mientras cavilaba, conecté el último cable de los protocolos de reanimación. Los ojos del Retorcido comenzaron a iluminarse, un tenue brillo verde que aumentó hasta que su ocular principal emitió un destello. Se sacudió, y un chirrido ensordecedor escapó de su voz modulada.

"¡Ya viene!" gritó, su tono oscilando entre la desesperación y la euforia. "¡Campanas... nieve...!"

Retrocedí un paso, activando los sistemas defensivos de mi bastón. Pero, tan rápido como había gritado, el Retorcido se quedó en silencio. El brillo en su ocular se estabilizó, y su cuerpo quedó inmóvil. Pasaron unos momentos antes de que su cabeza girara hacia mí, su voz más tranquila, aunque marcada por una inquietud evidente.

"¿Qué ha ocurrido?" preguntó, moviendo sus extremidades con torpeza. "Mis sistemas... están dañados. No recuerdo... No recuerdo nada."

Lo observé por unos instantes, mi mente procesando lo que acababa de presenciar. La anomalía que llamaba "Entidad" no solo había afectado su cuerpo, sino que había trastocado algo más profundo. Algo más antiguo.

"Tu explosión fue un fallo inesperado," respondí, ocultando mi preocupación bajo una capa de frialdad. "Tus bancos de memoria parecen haber sufrido daños. Y... hay elementos que no puedo explicar."

"¿Daños?" repitió, inclinando su cabeza de manera antinatural. "Mi nombre... Mi origen... todo está fragmentado."

"Eso ya lo sabíamos," respondí con firmeza, volviendo a ajustar los nodos de su cuello. "Tu propósito sigue intacto, y eso es lo único que importa."

Pero mientras lo decía, no podía sacudirme la sensación de que algo más acechaba en las profundidades de esta Acrópolis, algo que estaba jugando con nosotros. La presencia de la nieve, la canela y el jengibre era solo una pieza del rompecabezas.

Y mientras el Retorcido se enderezaba, su chasis aún temblando, no pude evitar preguntarme si su explosión había sido realmente un accidente.

Porque ahora, cada vez más, sentía que la Entidad estaba observando. Y que esta vez, su juego apenas comenzaba.

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