En la hora más oscura
Las órdenes eran claras: defender el emplazamiento a toda costa. Entre las ruinas de las afueras de Ferrum se había localizado un activo valioso para los Ángeles Oscuros, pero la flota enjambre avanzaba implacable, devorándolo todo a su paso.
Desde el puente de mando, Barakiel murmuraba oraciones para sí, mientras Belial ya se encontraba en el campo de batalla organizando la defensa del improvisado baluarte.
Horrores tiránidos avanzaron, tomando posiciones mientras diezmaban las fuerzas de los No Perdonados. Belial, junto con la escuadra Plumas de Caliban, mermó la horda tiránida, pero su número parecía no acabar nunca. La biomasa cubría poco a poco el campo de batalla, hasta que Barakiel ordenó activar la baliza de teleportación.
Frente a dos de las enormes bestias tiránidas se materializó la escuadra de caballeros liderada por Barakiel. Sin un atisbo de miedo, se lanzaron a la carga. Una de las bestias no tardó en caer… el estruendo de las mazas de energía resonaba entre las ruinas como chasquidos eléctricos secos. Barakiel entonces repitió para sí la letanía que minutos antes recitaba a bordo del puente de la Tántalos I:
Su voluntad me fortalece, nada me falta.
Su ira me inunda, todo se desvanece.
En la hora más oscura, mi fe prevalece."
Cegado por la fe, Barakiel se vio envuelto por una marabunta tiránida, y los pocos hermanos supervivientes lograron escapar, habiendo fracasado en su misión…

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