El Archmagos Temure, La Voz del culto a la Máquina.

Muerte en las calles - Ciclo 1

Personalidades de Cifrus Secundus - Dramatis personae II

El Archmagos Temure, Los susurros del Dios Máquina

Mis pensamientos no son míos. No lo han sido desde hace tiempo. No desde que me conecté al núcleo de la noosfera durante aquella expedición en los desiertos de Charon, en los confines olvidados del Imperio. Desde entonces, una voz me guía, una voz que me recuerda constantemente quién soy y cuál es mi propósito.

Estoy corrigiendo las defensas de la Colmena Ferrum. Mis servomecanismos funcionan sin necesidad de supervisión. Mis manos, ahora más hierro que carne, se deslizan sobre las consolas, trazando patrones de fuego y esquemas de refuerzo que los otros apenas pueden comprender. Mis adeptos trabajan diligentemente a mi alrededor, obedeciendo las órdenes que nunca tuve que pronunciar. Pero mi mente está lejos, muy lejos de aquí.

"El Plan debe continuar, Temure. El Omnissiah lo exige."

La voz resuena en mis implantes corticales. Es el Dios Máquina, de eso estoy seguro. ¿Quién más podría guiarme tan precisamente a lo largo de este camino? No, no estoy loco, no como algunos sugieren en secreto. Ellos no comprenden. No pueden comprender.

El Dios Máquina ha hablado directamente a mí. Me eligió para ser su instrumento. Y ahora me encarga completar la tarea que comenzó hace milenios: recuperar las reliquias perdidas del pasado, asegurar que el Imperio tenga las armas necesarias para enfrentarse a la oscuridad que se avecina.

Mis pensamientos vuelven a Xanatar, al infierno que fue esa campaña. Recuerdo cómo Pandemius, la abominación de Nurgle, interrumpió nuestros planes. Su ritual fue grotesco, un asalto a todo lo que el Mechanicum representa. Mi asistente, mi aprendiz fiel, Ferox, fue su víctima. Vi cómo lo arrancaron de mis manos, su cuerpo destrozado, su mente fusionada con carne y metal en un ritual oscuro. Pandemius utilizó su cuerpo para invocar esa abominable arma: la Séptima Plaga, una espada forjada de su carne y sus circuitos, transformada en un arma demoníaca.

Esa espada... La vi surgir de entre sus huesos, vi cómo sus extremidades eran reconfiguradas en un filo asesino, un arma que Pandemius usaría para destruir la realidad misma si se lo permitieran. Pero mi propósito sigue intacto, a pesar de la derrota momentánea. El Obscurum, el artefacto que buscamos, sigue siendo la clave. Esa reliquia perdida de los necrones... Es el fragmento de un poder antiguo, un poder que controlaba el tiempo mismo. Si pudiéramos recuperarlo, restaurar lo que fue robado por los orkos durante la incursión en las galerías de Trazyn, tendríamos la clave para revertir todo lo que ha sucedido.

"El Misterium fue robado... El coleccionista lo ha vuelto a reclamar... el Obscurum... Lo tienen los Orkos... Encuéntralos."

Mi mente vuelve una y otra vez a esas palabras, al artefacto que aún se esconde. Los necrones, esos antiguos señores del tiempo, fragmentaron a Lady T'ymë, la C'tan que representaba el principio y el fin. El Misterium, la esencia del guerrero, ya está en manos desconocidas; sospecho que alguna fuerza necrona externa ayudó a orquestar ese robo. Y ahora, el Obscurum, la otra mitad, permanece en las torpes manos de un Caudillo Orko, esperando ser reclamado.

La Colmena Ferrum se prepara para lo inevitable. Los tiránidos han sido quebrados, pero el Caos aún acecha. Sé que mis planes se están desarrollando como deberían. La ofensiva imperial hacia la antigua base de investigación del Adeptus Mechanicus en Kraftos fue la clave para activar lo que necesito. La bomba vírica hizo su trabajo, a pesar de que el inútil de Valentín no pudiera terminar el trabajo, los peones del caos facilitaron la muerte del bioplaneta, no podía permitir que el nexo se perdiera.

Mis ojos parpadean, la visión de Xanatar flotando en el vacío aparece ante mí en mis visores. Lo veo morir lentamente, agonizando tras el impacto de la ofensiva imperial y las hordas del caos. La Voz se ríe en mi mente, pero yo permanezco impasible.

El Imperio tiene su objetivo, los Astartes y la Deathwatch tienen su misión, pero yo, yo tengo el verdadero propósito. Yo tengo la conexión con el Omnissiah. Y pronto, con el Misterium y el Obscurum juntos, la manipulación del tiempo mismo será mía.

"Tú serás el que controle el destino del Imperio, Temure. A través de ti, el Omnissiah moldeará la realidad."

Las defensas de Ferrum están listas. He asegurado que mi trabajo no sea interrumpido por las fuerzas del Caos ni por ninguna otra. Mi tarea aún no ha terminado.

Los sirvientes alrededor de mí no pueden escuchar la voz. Solo yo soy digno. Solo yo puedo escucharlo. Cada vez más fuerte, cada vez más claro.

Y el día llegará en que todos verán la verdad: que el Dios Máquina me ha elegido para trascender la carne, para ser el guardián de la eternidad.

El tiempo... el tiempo será mío.

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