Muerte en las calles - Ciclo 1
El Ezkurridor - Capítulo 1
Fuera de la tienda del Ezkurridor, dos orkos escuchaban al líder orko quejarse tras la última batalla:
“Pero rezulta ke el Orko ke ve noz había engañado y no era un orko, zino ke era un hijoputa metáliko llamado Alaztor. Y luego aparezió Trazín para azezinar a Alaztor, y komo eztábamoz nozotroz ahí, kazi noz mata también, pero graziaz a laz palabraz y a ke noz había mentido, konzeguimoz ke Trazín no noz ziguiera intentando matar. Menoz mal ke konzeguimoz zalir del Planeta Kukaracha graziaz a un teliporta."
Lo último ke rekuerdo kuando noz eztábamoz yendo ez ke, la kosa ke había eztado llevando Valentín por el kampo de batalla explotó, pero justo antes loz del Kaoz hizieron algo para provokar una explozión de kozaz chungaz. No tuvo buena pinta.
“¡Juro por Gorko y Morko ke Alaztor no rezpirará nada ke no zea pólvora de dakka, ni verá nada ke no zea zuela de pizotada! ¡Y lo mizmo kon todoz loz otroz líderez del rezto de ejérzitoz! Zolo puede haber un jefe en el Univerzo, ¡Y EZE ZERÉ YO! El rezto perezerán en miz manos.”
El Ezkurridor terminó su discurso y, aprovechando que tenía el puño derecho levantado de manera desafiante, lo bajó con todas sus fuerzas hacia la cabeza del Ezkurrío, dejándolo inconsciente en un instante. El Ezkurrapato olisqueó brevemente al pequeño gretchin, pero decidió no comérselo ya que no poseía ningún tipo de valor alimenticio para él.
Cuando el líder piel verde abandonó su tienda, se dirigió decidido a la del Doktork Grapadora, el legendario matazanoz que pudo dar vida a la Beztia, y que tantos proyectos más había llevado a cabo para cumplir los designios de Gorko y Morko. A su lado, en dos camillas medio oxidadas, estaban los preciados frutos de la última misión.
Por un lado, el Obscurum. Un artefacto que servía como recordatorio de la traición del Orko que ve, o más bien mostraba la ingeniosa manipulación de Alastor. Una pieza que el Ezkurridor no sabía cómo, pero se decía que podría devolver a la vida a la Beztia. Posiblemente el Doktork sepa cómo manejar el artefacto, y si no, algo se le ocurrirá para sacarle algo de potencial.
Por otro lado, la moto de Valentín. Desde que el Ezkurridor puso sus ojos en ella supo que la quería. No era necesario que la condujese, ni siquiera era necesario que el Doktork emplease sus piezas para dar vida a otro individuo como la Beztia. La posesión de este vehículo es un mensaje para los marines. Un mensaje de odio, un mensaje de guerra y un mensaje de amenaza. Hoy, la moto de Valentín está en nuestro poder. Mañana, el Universo será nuestro.
El Doktork, absorto en sus inventos, no se dio cuenta de que el Ezkurridor había abierto su tienda. Sí se dio cuenta cuando la brisa del exterior le golpeó en sus musculosos hombros, pero cuando se giró para mirar a aquel que hubiera entrado, ya no había nadie.
El Ezkurridor estaba determinado. Se sentía motivado. No quería perturbar al Doktork con cualquier idea loca que se le pudiera ocurrir, ni quería entorpecer en la investigación del funcionamiento del Obscurum. Por ahora dejaría las cosas como están, y si el Doktork descubría algo ya se lo diría. En ese momento, lo único relevante era entrenar y fortalecerse. Así, con la furia de un titán y el poder del WAAAGH, podría derrotar a cualquier piel no-verde que se interpusiera en su camino, e incluso podría llegar a convertirse en la nueva Beztia.
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