Muerte en las calles, Ciclo 1 - Valentin O'Rossi - Capítulo Extra:

Muerte en las calles - Ciclo 1

La Máquina de Dios


LA MÁQUINA DE DIOS

Registro de audio recuperado del equipo de tecnosacerdotes del Mechanicum, Nivel Subterráneo 9, Núcleo del Reactor de Ferrum. Archivo clasificado.

[Sonido de estática. Voces susurradas.]

—¿Qué ha sido eso?
El eco metálico de nuestras botas se pierde en la inmensidad del reactor. Los conductos vibran, las luces parpadean con una frecuencia irregular, y el olor a ozono y aceite quemado se filtra a través de nuestros respiradores. El núcleo palpita.
Eso no es normal.

—No nos pagan por preguntar —gruñe Sarius, revisando su auspex con una mueca de disgusto—. Esto está fallando. No hay registros de actividad en los conductos primarios, pero algo… algo está interfiriendo con el sensor.

—¿El reactor está funcionando a plena potencia? —pregunta Vex-99, su voz metálica apenas disimula el temblor.

—No solo eso… Está generando más energía de la que consume.

El silencio se prolonga demasiado. Nos miramos entre nosotros. Eso no es posible. No con el reactor desconectado.

Luego, el sonido.
Un golpeteo, rítmico, como el repicar de una máquina rota. Tink. Tink. Tink.

Y la voz.
—¿Habéis oído hablar de la caída de Cadia?

El aire se vuelve denso, pegajoso. El sonido viene de las pasarelas superiores, pero no hay nadie allí.

—¿Quién está ahí? —exige Sarius, su mano temblorosa sobre la empuñadura de su pistola de plasma.

—La grieta se abre. El Ojo de la Tormenta devora.

Un crujido, como metal doblándose bajo una fuerza invisible. Algo se mueve en la penumbra.

—¿Máquina Omnissiah, protégenos…?

La luz parpadea.
Por una fracción de segundo, lo vemos.

Un sacerdote del Mechanicum… o lo que queda de él.
Su carne está entrelazada con metal y cables que parecen crecer de su piel como zarcillos vivos. Sus extremidades son demasiado largas, sus articulaciones dobladas en ángulos imposibles. Su rostro… su rostro es un mosaico de carne y hierro, y sus ojos brillan con un fulgor malévolo.

—El falso Temure ha muerto…

La luz parpadea otra vez.
Se ha movido.
Demasiado rápido.
Está detrás de Sarius.

—¡NO!

Sarius grita cuando una garra de metal se hunde en su espalda. La sangre chisporrotea sobre los engranajes del reactor mientras es arrancado del suelo. Sus huesos crujen cuando el ser lo retuerce como un muñeco de trapo.

La luz se apaga por un segundo.
Cuando vuelve, Sarius ha desaparecido.
Solo queda su casco en el suelo.

—El Arquitecto de la Forja viene. Vash’Tor ya se alza.

Corremos.
No importa dónde, solo tenemos que salir de aquí.

Las compuertas automáticas se cierran solas. Las luces de emergencia destellan en patrones erráticos. El reactor late, como si algo dentro estuviera tratando de nacer.

Uno a uno, desaparecen.
Vex-99 se queda atrás cuando las sombras lo envuelven.
Tarlos grita cuando los brazos mecánicos del reactor lo arrastran hacia la oscuridad.

Solo yo sigo corriendo.
Los conductos de refrigeración están cerca. Si logro llegar…

—No puedes huir.

El sonido de engranajes oxidados rechina detrás de mí. El pasillo entero se deforma.
Un susurro, cálido y cruel, me acaricia la nuca.

—Solo la Máquina es Eterna.

—No…

El reactor pulsa.
La última luz se apaga.
Y yo dejo de existir.

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