Entrada X - Duelo sobre El Cruce.
El Último Grito de la Rabia
Desde el corazón en llamas de Valentín O’Rossi, Jinete de la Muerte
El cielo… ruge.
No con truenos.
Con nombres.
Nombres arrancados de caparazones rotos, nombres pronunciados por los muertos.
Ferrum está perdido.
O casi.
Yo… aún respiro.
Y mientras haya un latido,
puede haber juicio.
Allí está Crowley.
Profeta de los cráneos, apóstol de la masacre.
Su voz aún vibra en mi oído, como un cuchillo en la fe.
Un eco lleno de promesas podridas.
Y yo,
yo no vine a escucharlo.
Vine a callarlo.
El campo tiembla.
Las máquinas demoníacas se arrastran.
Los Ángeles Oscuros dudan.
El cielo se parte.
Y yo,
con mi hombro roto, mi moto ardiendo, y mi alma sin escudo…
alzo mi arma.
Y hablo.
“No eres Horus, pero caerás igual”
“¡Crowley…!
No eres Horus.
No tienes su peso.
No llevas el manto de su traición…Pero hueles igual.
¡Hueles a orgullo corrompido!
A promesas rotas, envueltas en versos y mentiras.
A intelecto que se arrastra como un gusano, fingiendo divinidad.”“Yo no soy Sanguinius.
No soy digno de su estatura, ni de su voz.Pero soy su rabia.
Soy su espada sin gloria.
Soy su grito final aún resonando en la sangre.”“¡Y tú, maldito cuervo caído, serás mi muro de ruina!
¡El cadáver que dejo para que la galaxia recuerde que aún hay justicia en esta oscuridad!”*
No espero respuesta.
No hay duelo de palabras.
Solo acero.
Y fe rota.
Activo mi moto.
La bestia responde con un rugido que parece llorar.
Mi arma chisporrotea.
La sangre de la galaxia tiembla.
Y yo…
Yo cargo.
“¡POR SANGUINIUS!
¡POR LA VERDAD QUE AÚN DUELE!
¡POR EL EMPERADOR… AUNQUE YA NO ESCUCHE!”
Mi cuerpo parece quebrarse.
Pero no importa.
No soy un hombre.
Soy una flecha.
Soy un veredicto.
El destino de la batalla se decide en estos instantes de furia y voluntad.
Mientras Enoc amenaza la maquinaria oscura,
Valentín desafía al profeta del Caos,
y el equilibrio del campo de batalla pende de un hilo.
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