Entrada I - La plaga se desata.

Muerte en las calles - Ciclo 1

Entrada I - La plaga se desata.


La peste ha florecido.
Lo sé porque mis costras arden con dulzura. Porque el aire es espeso y dulce como sangre fermentada. Porque los muertos ya no lloran, solo germinan.

Nos habían dicho que Ferrum resistiría.
Que los muros eran sagrados, que el Imperio era eterno.

Mentían.
Yo estoy aquí.
Yo lo veo.


Pandemius se alza sobre una colina de carne en descomposición.
No camina: flota. Se desliza como un sueño febril, sus pies no tocan el suelo, pero las raíces de su presencia se hunden hondo, hondo, hasta el tuétano del planeta.

A su alrededor, los Portadores de la Plaga emergen uno a uno, naciendo como frutas maduras de la tierra ulcerada. Veinte al principio, cada uno rezumando bendiciones húmedas. Las moscas los preceden. Las campanas los siguen.
Yo lloro de alegría. Las lágrimas saben a óxido y a casa.

Él extiende los brazos, y los cielos se abren como una llaga.
Del humo verde que se eleva de su garganta, brota la Estrofa:

¡Oh Imperio podrido de falsa pureza,
vuestros cadáveres no valen súplica ni gloria!
Seréis estiércol bajo las flores de la peste,
abono sagrado para el florecer de Nurgle.

Y luego… el conjuro.
Lo pronuncia con una voz que vibra en los dientes y en los huesos:

"Pus viridis, porta foetoris — aperi te ad hortum eternum!"

El aire estalla en vapores amarillos.
Yo caigo de rodillas, riendo y vomitando.
No por dolor. Por gratitud.

¡El Jardín ha comenzado a cruzar!


Junto a él aparece El Testigo, esa criatura de formas imposibles, ojos como burbujas, dedos como lenguas. Flota sin pestañear, rodeado de horreros rosas que se ríen con voces infantiles, como si el fin del mundo fuera un juego.

El Testigo se gira hacia nosotros. No habla, pero entendemos.

¡Debemos rasgar el velo!

Juntamos nuestras manos. Repetimos las letanías.
El Testigo levanta sus garras, y el aire chispea con olor a fruta podrida y sangre tibia.
Susurra su ritual.

Tres salmos. Una plegaria a la putrefacción.

Si los dioses sonríen, muchos más cruzarán el velo: Una plaga para cada rincón del generador.

Y si fallamos… que nos pudramos felices.


Yo soy ... ... yo era... mi nombre no importa.
Yo soy flor.
Yo soy carne fértil.

Y hoy, Ferrum morirá en verde.

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