Cierre ciclo 1: Cypher en el Abismo

Muerte en las calles - Ciclo 1

Cypher EN EL ABISMO


El Empíreo se retuerce a mi alrededor. Su furia es muda, un aullido ahogado en la inmensidad. Avanzo sin prisa, con paso firme, como si el océano de almas desgarradas no fuera más que un camino de piedra. Ellos no me ven, no me tocan. Aquí, donde los gritos de los condenados se funden con las carcajadas de los dioses, yo avanzo como si nada.

Entonces, lo veo.
Un palacio que desafía la comprensión, erigido en el corazón de la irrealidad. No es negro, ni blanco, sino ambas cosas y ninguna a la vez. Las sombras son blancas, pálidas y frías como la muerte. Los objetos, de una negrura insondable, devoran la luz con su sola presencia. Es un lugar donde la razón colapsa, donde la propia existencia es un chiste cruel.

Las puertas se abren sin que nadie las toque.
Dentro, la tormenta se silencia. Todo está quieto. Todo observa.

El aire está impregnado de un hedor a desesperación infinita. Los príncipes del Caos están aquí, encadenados, retorcidos en un sufrimiento eterno. Un Señor de los Secretos, antaño arrogante y majestuoso, se arrastra como un perro sobre un suelo de sombras vivientes, su carne marcada por heridas que nunca sanan. Un Gran Inmundicia vomita su propia podredumbre y la devora sin fin. Un Príncipe Demonio de Khorne golpea los barrotes de su prisión, pero cada vez que alza su hacha, sus brazos se rompen en un crujido seco. Incluso Tzeentch ha perdido su sonrisa aquí.

Pero yo no les miro.
Miro más allá.
Al Trono.

Sobre él, una figura colosal observa con ojos llameantes de rojo absoluto. No se mueve. No respira. Pero sé que ve todo, sabe todo.
La Entidad.

Doy un paso más, y el suelo bajo mis pies tiembla. No por miedo. Por expectación.

Inclino la cabeza, apenas un gesto. No hay necesidad de más.
Mi voz es un susurro en la inmensidad.

—Ya está hecho. La caída de Barakiel está en marcha.

La Entidad no responde. No lo necesita.
Sabe que es verdad.

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