Entrada IX: La puerta se abre.

Muerte en las calles - Ciclo 1

Entrada IX: La puerta se abre.


Evangelio de Cráneos

Desde la mirada de Crowley, Heraldo del Último Grito

La realidad…
cruje.

Como si sus costuras fueran carne vieja, empapada en miedo.
Como si la galaxia, por un segundo, respirara por error.

Yo no abrí la Puerta.
Ellos cedieron la realidad.
y yo la rasgué con intención.
Con voluntad.
Con deseo.

Los sellos arcanos, frágiles por siglos de contención, estallan como burbujas pútridas.
La disformidad no entra…
se derrama.

Una marea roja.
Una ola de rabia pura.

Y yo, Crowley, voy al frente.

Mis Portadores de la Palabra me siguen, envueltos en fuego y mantras.
Pero ya no rezamos.
Ya no pedimos.

Tomamos.

Alzo mi libro.
No hecho de papel.
Hecho de carne abierta.
Cada palabra en su interior es una herida.
Una memoria arrancada.
Un grito tatuado.

Las letras no se leen.
Se sienten.
Como cuchillas bajo la piel.
Como hambre que no se sacia.

La grieta pulsa.
Mis ojos sangran.
Y sonrío.

“Todo lo que sangra es mío”

No hay voz.
Solo sonido.

Mi palabra no se propaga en aire,
se inscribe en hueso.
Todo aquel que escucha… sangra.

“¿¡Valentín!?
¡Oh, pequeño portador de cadenas rotas!”

“Aún crees en justicia.
En redención.
En propósito.”

“¿No ves que tu fe es solo otra forma de hambre?
¡Una sed disfrazada de obediencia!”

“Yo he dejado de fingir.”

Mi armadura ruge.
Las runas de Khorne se abren como bocas.
Mi pecho arde:
no de fe… de fuego.

“Khorne no pide oraciones.
No exige incienso.”

“Solo quiere lo que todos los dioses desean…
Sangre. Cráneos. Combate eterno.”

“¡Y yo, Crowley, ya no predico!
¡YO GRITO!
¡YO MATO!
¡YO ABRO CRÁNEOS PARA QUE LA VERDAD FLUYA ROJA!”

Extiendo los brazos.

Las cadenas de mi antigua fe ya no atan.
Látigos.
Instrumentos de revelación.

Mi báculo…
fundido en un hacha doble,
forjada con gritos, sellada con hueso.

“¡Ven, Valentín!
Sé tú mi evangelio final.
Tu cabeza será mi púlpito.
Tu sangre, mi salmo.
Y en tu muerte…”

“…el Dios de la Sangre sonreirá.”

Y tras mí…
El coro.

Berzerkers recién llegados, aún goteando entrañas.
Demonios de Khorne sin nombre,
sin propósito más allá de la furia.

Y todos,
todos gritamos lo mismo:

“¡SANGRE PARA EL DIOS DE LA SANGRE!”
“¡CRÁNEOS PARA SU TRONO!”

No hay comentarios:

Publicar un comentario