Entrada VIII - El Ezkurridor Asciende
El Ezkurridor
En medio del fragor de la batalla, con los vehículos rugiendo, las armas disparando y los demonios aullando, se levantó el líder de los orkos. El Ezkurridor. Con un gesto enérgico se sacudió las partículas de polvo pegadas a su armadura, emitiendo un sonido metálico producido por el choque entre su guantelete y su pechera.
Mirando a su ejército, que todavía luchaba con furia titánica, comenzó a caminar, mientras gritaba:
“ORKOZ ZEGUIDOREZ MÍOZ. Ze eztá diziendo por ahí ke eztamoz luchando kontra la zeñora del tiempo. Ez eza gorda ke brilla, a lo lejoz en medio de todoz loz maloz.”
El ejército de pieles verdes, instintivamente, giró la cabeza para observar lo que El Ezkurridor señaló. Y sobre el campo de batalla, o en él, o alrededor de él... de alguna forma en todo y en nada, se encontraba Lady Time.
Cuando El Ezkurridor vio que todos los pieles verdes habían presenciado la Luz del Tiempo con sus propios ojos, no pudo evitar soltar una carcajada. Y entre risas, continuó:
“Gorko y Morko me han hablado. A mí, de entre todoz loz orkoz ke eztamoz akí, ha zido a mí. Me han dicho ke tenemoz la pozibilidad de unirnoz a zuz apozentoz en el eterno WAAAGH, para dar fuerzaz al rezto de loz orkoz en todaz laz batallaz ke ze librarán de akí al final de loz díaz.”
Confundidos, los chavalez se miraron con preocupación. ¿Sería este otro delirio de grandeza de El Ezkurridor? Desde que, horas antes, había usado la moto robada de Valentín, sólo había pronunciado palabras incoherentes e ideas inconexas. Sin embargo, de alguna forma, El Ezkurridor parecía ahora más lúcido que nunca.
Los murmullos comenzaron a propagarse entre las filas verdes, intentando discernir la veracidad de las palabras de su líder, que acalló las voces de nuevo.
“Dezde ke llegamoz akí zolo hemoz tenido una mizión. Enfrentarnoz al rezto de bichoz ke akí ze encuentran para demoztrar lo fuertez ke zomoz. Hemoz demoztrado ke no zomoz LOZ MÁZ fuertez, pero zí noz tienen ke tener miedo y eztar pendientez de zuz movimientoz porke podemoz dar guerra. En ezte momento, zin embargo, no tenéiz ke zeguirme a mí. Zeguid a Gorko y Morko. MATAD A LA GORDA BRILLANTE. Zi lo konzeguimoz, prometo... no, juro... ke yo oz lideraré para ziempre, hazta el final de vueztroz díaz.”
Cada palabra de El Ezkurridor transmitía más emoción que la anterior en el corazón de los pieles verdes que se hallaban en el campo de batalla. Poco a poco, las miradas de incertidumbre pasaron a ser miradas de felicidad, acabando en un éxtasis de batalla e ira que pocas veces habían sentido. Y las miradas orkas, que al principio habían servido para conectar al ejército verde y descubrir lo que estaba pasando, se centraron en El Ezkurridor, para acabar finalmente posándose sobre Lady Time.
“ZEGUIDOREZ. KOGED VUEZTRAZ ARMAZ Y KARGAD. TRAEDME LA KABEZA DE LADY TIME, ¡¡¡Y TIÑAMOZ LAZ LUZEZ DE LAZ EZTRELLAZ DE KOLOR VERDE!!! WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH”.


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