Entrada V – El Ángel y la Llama

Muerte en las calles - Ciclo 1

Entrada V – El Ángel y la Llama


Desde el testimonio final de Josué Fireon, Apotecario de los Ángeles Sangrientos


El cielo de Ferrum sangra fuego.
Los relámpagos ya no suenan como tormentas.
Sueltan nombres.
Algunos de ellos son nuestros.
Barakiel y yo…
Los últimos.
No por fuerza.
No por destino.
Porque así lo ha querido el deber.


Él es máquina y fe.
Yo soy llama y esperanza.
Juntos abrimos paso.
Como verdaderos Ángeles de Muerte.
Hombro con hombro, entre demonios, espectros y cosas que no deberían tener nombre.
Barakiel arremete como un martillo divino.
Yo a su sombra, el fuego que limpia, el canto que abrasa.


Un disparo me alcanza en el hombro.
Un dolor seco. Real.
Mi brazo cae.
Me arrodillo.
Pero Barakiel… Barakiel gira, con la furia de un juicio encarnado.
El atacante no vive más de un segundo.
Sus pisadas retumban.
Llega hasta mí.
Me mira.
Y sonríe.


Su sonrisa…
No hay compasión en ella.
Ni rabia.
Solo… liberación.

"La fe puede quebrarse... incluso en el más ferviente."
Se arrodilla a mi altura.
Saca su Cruzius con la lentitud de un sacerdote ante el altar.
“Josué… tú, tan puro.
Siempre repitiendo las mismas plegarias, esperando que el Emperador conteste.
¿Y qué has oído, hermano?
Silencio.
Solo silencio.”

“Yo he oído otra voz.
Una que responde.
Una que ofrece algo más que deber…
Una que libera.”


“¿Qué queda de nosotros si no cuestionamos?
Si no dejamos que la oscuridad revele las grietas del falso dogma?”


Se inclina.
Su voz, casi dulce.
“Tú me enseñaste a dudar.
Ahora serás mi prueba final.”


El golpe es limpio.
No siento dolor.
Solo calor.
Como si mi llama se apagase…
…para encender otra.


En mis últimos segundos, lo veo alzarse.
Las alas del Caos lo envuelven.
Y en su rostro no hay furia.
Hay verdad.
Una que no quiero entender.


“El León duerme…
pero yo…
yo despierto.”


Barakiel ha caído.
O ha sido elevado.
Y el rugido que nace del núcleo del Generatum parece celebrarlo.

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