Valentín O’Rossi - Carta de auxilio
Valentín O’Rossi. Acto IV, Capítulo V: Carta de auxilio a Dante tras la embestida tiránida.
Para el Lord Comandante Luis Dante, Guardián del Imperio Nihilus, Señor del Capítulo.
Mi nombre es Raldeo Seth. Me dirigo a usted en calidad de máximo comandante de los Ángeles Sangrientos en Cifrus Secundus, con la esperanza de que reciba esta comunicación. Me he visto obligado a asumir este cargo de manera abrupta, pues nuestro Alto Capitán Valentín O’Rossi se está comportando de una manera cada vez más errática.
La apertura de la grieta de la disformidad ha causado una gran conmoción en la ya de por sí alterada atmósfera de la Colmena Ferrum. Enjambres de demonios, entidades putrefactas y sombras disformes campan por doquier. La guerra no parece tener fin.
Nuestro último enfrentamiento contra la flota del Caos, aunque aparentemente victorioso, había diezmado nuestras fuerzas. Sin tiempo para recuperarnos, nos hemos visto abordados por una horda tiránida. En cuestión de instantes, nuestro campamento estaba rodeado de innumerables bestias hambrientas.
Tenía la esperanza de que Valentín, otrora conocido como gran estratega, organizase la defensa. Pero no fue así. Cuando lo vi, con la conjuntiva enrojecida, la sangre de los portadores de Nurgle todavía en su armadura, y su mirada fija sobre el tirano de enjambre, temí lo peor. Gritando furiosamente, arremetió con su escuadrón de motoristas contra el señor de la guerra enemigo, provocando un suicidio mortal. Los veteranos de la guardia trataron de acudir en su auxilio, pero se vieron incapacitados por el señor de la horda y sus hormagantes.
La situación era desesperada, así que tuve que asumir el control. Ordené a Muñoncitos, un pequeño gretchin que parece estar de nuestro bando, que se quedase resguardando la base, pues su diminuta estatura le hace inalcanzable para los disparos enemigos. Avancé con mis hermanos de asalto, y conseguimos aplacar al temible Enoc y su jauría de termagantes. El centro de la batalla era nuestro, por el momento.
Si ya la contienda era de por sí salvaje, todo empeoró con las incursiones de los demonios de Nurgle por la recientemente abierta grieta de la disformidad, ocasionando estragos en ambos bandos. Nuestro ballistus perdió mucho tiempo peleando contra ellos, pero afortunadamente logró salir al rescate de nuestros retrorreactores de asalto, quienes pelearon heroicamente contra el líctor enemigo. Por otra parte, también distrajeron al neurotirano, lo que permitió que nuestra Compañía de la Muerte, tras acabar con Viejo-Un-Ojo, saltase sobre ese temible cabezón.
Tras muchas embestidas, logramos neutralizar al señor de la horda, pero el tirano de enjambre se resistía a caer. Esa bestia inmortal no dejaba de destrozarnos, poco a poco, incesante. Hasta que de repente, como un rayo fugaz, el piloto del Land Speeder decidió estrellarse a toda velocidad contra el monstruo. Se produjo una gran explosión, tras la cual el líder enemigo cayó, al igual que nuestro heroico hermano. Y entonces se hizo el silencio, habíamos vencido.
No sé cuánto más podremos resistir. Nuestras fuerzas se agotan, y la grieta de la disformidad es cada vez más insostenible. Si recibe esta misiva, ruego nos envíen a alguien para mantener el control de este fatídico sector. De lo contrario, estamos condenados.
Atentamente,
Raldeo Seth, Capitán de los Ángeles Sangrientos


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