Informe: El Séptimo Día de Ferrum el Grande

Muerte en las calles - Ciclo 1

📝 Informe: El Séptimo Día de Ferrum el Grande


(Redactado por el Oficio Militarum. Nivel de acceso: Alfa-Purga.)

+++Transmisión codificada desde la Colmena Ferrum+++
+++Canal de alto mando imperial+++
+++Autor: Censorial Militar, Priorato de la Vigilia+++
+++Fecha: Día 7 del Mes Secular 999.M41+++

Situación Estratégica en Ferrum

Las fuerzas imperiales se encuentran en estado de máxima alerta. La guerra ruge en todos los frentes mientras el núcleo de la colmena permanece en peligro inminente. Los informes de inteligencia indican que el falso Temure, asesor en fortificación y defensa, está manipulando el reactor central bajo pretexto de “mejorar las defensas”. Dominicus el Pío y Barakiel han incrementado la vigilancia, pero cualquier intento de interrumpir los trabajos ha sido entorpecido por interferencias y extrañas perturbaciones.

Mientras tanto, Valentin lidera la resistencia contra el enjambre tiránido de Enoc, cuyas criaturas han mostrado una precisión inusual, como si fueran guiadas con un propósito mayor. Las líneas defensivas en la periferia del Núcleo se encuentran en un frágil equilibrio entre la supervivencia y el colapso.

En el exterior de la colmena, Pandemius y El Testigo, junto con los Orkos y los Necrones, han lanzado un asalto implacable contra las posiciones de los Ángeles Oscuros. Las defensas coordinadas por Barakiel y Dominicus sufren un desgaste progresivo. La guerra se convierte en un infierno vivo mientras las hordas enemigas desgarran las líneas imperiales con brutal eficiencia.

Informes del Segmentum Tempestus y Baal confirman que la situación se ha vuelto insostenible en todo el sector. Se han ordenado evacuaciones en múltiples sistemas, mientras en el núcleo de la colmena tormentas disformes localizadas azotan la infraestructura y el personal imperial.

El Séptimo Día de Ferrum el Grande: La Ruptura

Los registros muestran una anomalía sin precedentes en la historia de Ferrum:

  • Siete Altos Señores de la Colmena han perecido simultáneamente con sus órganos licuados en sus propias cámaras de gobierno.
  • Siete veces ha sonado la Gran Campana del Núcleo, sin que nadie haya activado su mecanismo.
  • El reactor central está irradiando fluctuaciones energéticas anómalas. Equipos de tecnología han sido devorados por una fuerza inidentificable.
  • Intervenciones demoníacas en múltiples sectores de la colmena. Testimonios aterrados hablan de sombras que susurran, de monstruos emergiendo de las entrañas del metal, de luces que se apagan para no volver.

Y lo más preocupante…

  • 🔻 Carcajadas inhumanas resuenan en los pasillos de la colmena.
  • 🔻 La risa de Temure.

Las comunicaciones con el núcleo han comenzado a fallar. La única transmisión clara que aún resuena en los vox-casters es una frase críptica, repetida en todas las frecuencias:

"El Octavo Día se acerca. El Reloj ha despertado. La Puerta se abrirá."

Conclusión y Recomendaciones

  • Estado de emergencia total declarado.
  • Prioridad máxima a la contención del núcleo y la eliminación de amenazas internas.
  • Se ha autorizado la aniquilación de cualquier entidad no identificada.
  • Se recomienda una posible retirada estratégica si las condiciones lo exigen.

Los altos mandos esperan órdenes.

+++Fin de la transmisión+++
+++Que el Emperador nos proteja+++

Las sombras no mienten.

OPS: Entrada No Disponible
Las Sombras No Mienten

Las Sombras No Mienten

El filo de mi pistola brilla tenuemente en la penumbra. No hay luz en la celda, solo el débil resplandor del lumen parpadeante sobre el escritorio. Barakiel está sentado ahí, con la pluma en la mano, su armadura descansando en un rincón, su semblante oculto tras la fatiga y la obsesión.

El gran cazador de los Caídos. El paladín de la verdad.

Qué broma tan miserable.

Desde aquí puedo ver su mano temblorosa sobre el pergamino. Sé lo que escribe. Siempre es lo mismo: informes meticulosos, registros de sospechas, nombres y coordenadas. Un muro de palabras que nunca le llevará a mí. Y sin embargo, sigue escribiendo. Porque escribir es lo único que le queda.

Podría matarlo ahora. Ni siquiera haría falta un disparo. Un solo tajo, rápido y limpio, y su vida se extinguiría en un susurro. Su búsqueda terminaría. Y yo desaparecería en la oscuridad, como siempre lo hago.

Pero al verlo así, roto, vencido por su propia obsesión... No puedo evitar sonreír.

Este hombre ya está muerto. Solo que aún no se ha dado cuenta.

Me muevo sin hacer ruido. La sombra es mi aliada, y él es demasiado ciego para verla. Podría quedarme aquí toda la noche y no lo notaría. Su mente está atrapada en una espiral de fracaso y decepción. Su caza es inútil. Su devoción es en vano.

Qué pena.

Me alejo sin hacer un solo sonido, dejando a Barakiel con sus fracasos y su tinta. No vale la pena gastar una bala en él.

No todavía.

Los 7 días.

Muerte en las calles - Ciclo 1

La Profecía de Ferrum


La sangre todavía humeaba sobre la piedra fría.

Avanzamos con paso firme a través del claustro devastado, el aroma del incienso sagrado aún flotaba en el aire, tratando en vano de ahogar el hedor metálico de la muerte. Las llamas consumían los tapices y los iconos sagrados, pintando sombras retorcidas en los muros de la Santa Iglesia de Galaeta.

Yo fui el primero en verlas.

Las puertas del convento, antaño blancas y puras, estaban cubiertas de palabras talladas con uñas y dientes, trazadas con la sangre de las sororitas masacradas.

"Al Séptimo Día la Puerta Temblará.
Al Octavo Día el Tiempo Morirá.
Las Columnas Caerán,
Los Caminos se abrirán,
Y del Vacío al Caos,
El Último Fragmento Volverá.

La Sangre del Hereje,
La Mano del Traidor,
El Engranaje Divino,
El Tiempo Consumido.

Todo es uno.
Todo es nada.
El Reloj se detendrá."

Detrás de mí, Valentin hizo una señal a los suyos. Nadie debía leer esto. Nadie debía recordar.

—Quemadlo. Que no quede piedra sobre piedra.

Los asesinos de la Deathwing avanzaron en silencio, comenzando la purga.

Sobre los escalones del altar, el vidente caído yacía en un charco de su propia sangre, sus ojos abiertos en un éxtasis de locura. Sus labios aún se movían, repitiendo esas mismas palabras.

Me arrodillé junto a su cadáver.

¿De qué Puerta hablaba? ¿Quién era el Último Fragmento? ¿Qué significaba todo esto?

Detrás de mí, las llamas comenzaron a devorar la profecía.

Me volví hacia Valentin.

—Acabemos con los testigos.

Y así, se hizo el silencio.

Mitos y Leyendas.

OPS: Entrada No Disponible

OPS: Parece que Trazyn se te ha adelantado...

Esta entrada aún no está disponible. Tal vez Trazyn el Infinito la haya robado para su colección, o simplemente todavía no ha sido escrita. Sea como sea, ¡no desesperes!

Vuelve pronto o explora otras secciones mientras tanto.

Personalidades de Cifrus.

OPS: Entrada No Disponible

OPS: Parece que Trazyn se te ha adelantado...

Esta entrada aún no está disponible. Tal vez Trazyn el Infinito la haya robado para su colección, o simplemente todavía no ha sido escrita. Sea como sea, ¡no desesperes!

Vuelve pronto o explora otras secciones mientras tanto.

Ordenes Militares.

OPS: Entrada No Disponible

OPS: Parece que Trazyn se te ha adelantado...

Esta entrada aún no está disponible. Tal vez Trazyn el Infinito la haya robado para su colección, o simplemente todavía no ha sido escrita. Sea como sea, ¡no desesperes!

Vuelve pronto o explora otras secciones mientras tanto.

Los Hijos del Desorden.

Botonera y SVG Corregido

Haz clic en los botones para navegar.


Hijos del Desorden: La Marea de la Locura

En el inmenso y caótico campo de batalla del subsector Cifrus, donde la guerra es tan común como el óxido en un Gargante mal mantenido, hay multitud de bandas que destacan no solo por su brutalidad, sino por el absoluto descontrol que arrastran a su paso. No son un ejercito en el sentido tradicional, ni un Waaagh!, o pelotón propiamente dicho, sino algo mucho más impredecible… y peligroso. Son los Hijos del Desorden.

Esta peculiar panda de orkos, gretchins, Ratlings y bestias varias no sigue una jerarquía convencional ni tiene un plan más allá del siguiente saqueo, pero ahí radica su fuerza. Cada uno de sus miembros es una anomalía dentro del ya de por sí caótico ecosistema de la guerra perpetua de Cifrus, y juntos forman una tormenta de destrucción capaz de poner de los nervios hasta al más curtido Señor de la Guerra.

Figuras clave de la Pandilla

🔴 Ik-ik "El Comisario"

Un mutante medio rata con delirios de grandeza, ataviado con una gorra robada de un oficial imperial caído, que se cree con el cargo de Comisario. Es un experto en gritar órdenes sin sentido y salir corriendo cuando las cosas se ponen feas.

🔴 Muñoncitos

La leyenda viviente de la marea verde. Un gretchin sin brazos ni piernas, reemplazados por toscos palos, pero dotado de la suerte más absurda imaginable. Por alguna razón, nunca muere, y su sola presencia inspira a los orkos a seguir luchando porque "no puede haber peor suerte ke la suya".

🔴 Jomork Orkfield y Metallorka

Los bardos de la guerra, los heraldos del ruído. Esta banda de Goff Rockers no solo destroza tímpanos con su brutalidad musical, sino que su presencia es capaz de hacer que hasta los más cobardes gretchins carguen a lo loco en el fragor de la batalla.

🔴 El Equipo R

Un grupo de Ratlings que jura tener un plan. Nadie sabe cuál es, ni siquiera ellos, pero eso no les impide ejecutarlo con confianza absoluta y una buena cantidad de explosiones.

Este es solo un vistazo a la locura que traen consigo los Hijos del Desorden. Con cada enfrentamiento, dejan su huella en la galaxia… a menudo en forma de chatarra en llamas, imperiales, xenos y Herejes horrorizados y una cantidad absurdamente alta de explosiones.

Si escuchas un ruido ensordecedor, seguido de gritos de guerra y disparos descontrolados, es posible que la tormenta del Desorden esté sobre ti. Y cuando eso pase… ríndete, ríe, o corre. Porque el Desorden siempre gana.

La Saga de El Gran Devorador.

OPS: Entrada No Disponible

OPS: Parece que Trazyn se te ha adelantado...

Esta entrada aún no está disponible. Tal vez Trazyn el Infinito la haya robado para su colección, o simplemente todavía no ha sido escrita. Sea como sea, ¡no desesperes!

Vuelve pronto o explora otras secciones mientras tanto.

La Saga de El Anillo.

OPS: Entrada No Disponible

OPS: Parece que Trazyn se te ha adelantado...

Esta entrada aún no está disponible. Tal vez Trazyn el Infinito la haya robado para su colección, o simplemente todavía no ha sido escrita. Sea como sea, ¡no desesperes!

Vuelve pronto o explora otras secciones mientras tanto.

Otros: Las locuras del Sector.

Muerte en las calles - Ciclo 1


¿Y Esto Dónde Va? El Rincón del Caos Narrativo

A ver… ¿Cómo lo explicamos? Hay relatos épicos, bien ordenaditos en sus actos, con su inicio, su clímax y su final. Luego están estas historias. Pequeñas piezas de lore, anécdotas sueltas, fragmentos de batalla y momentos perdidos en el tiempo que, por alguna razón, no encajan en ninguna parte. Son como esa caja llena de cachivaches que guardas “por si acaso” y que nunca sabes si algún día vas a necesitar… pero que tampoco puedes tirar.

Aquí encontrarás relatos de héroes olvidados, eventos desconectados del gran hilo argumental, pero que siguen teniendo su propio peso en la historia. Tal vez un día sepamos dónde ponerlos. Tal vez no. Pero mientras tanto, los dejamos aquí, en este rincón de historias huérfanas que, como buenos muñoncitos, siguen luchando por su lugar en la galaxia.

Así que, siéntete libre de explorar. Quién sabe, quizás en este caos encuentres la pieza que faltaba para entenderlo todo… o solo más preguntas.

ç

La Saga de la arkeobóveda: Época de los Mitos.

Muerte en las calles - Ciclo 1


La Batalla por la Arkeobóveda: El Día en que el Tiempo se Rompió

En los oscuros confines del espacio, donde la realidad se funde con el mito y la guerra es la única constante, se alzaba la Arkeobóveda, un relicario de antiguas maravillas y horrores olvidados. En su interior, secretos inimaginables esperaban a aquellos lo suficientemente audaces —o insensatos— para reclamarlos. Pero la galaxia es un crisol de ambición y desesperación, y pronto, los titanes del conflicto convergieron sobre este santuario prohibido, cada uno con su propia agenda, cada uno dispuesto a desatar el infierno por su causa.

Orkos, Necrones, servidores del Caos y las fuerzas del Imperio se enfrentaron en una guerra que trascendió la razón. Los rugidos de guerra de los pieles verdes reverberaban en los pasillos de la bóveda, su ansia de destrucción insaciable. Los Necrones, fríos y calculadores, se alzaban como centinelas inquebrantables bajo la implacable mirada de Trazyn el Infinito. Mientras tanto, la Mano de Nurgle, corrupta y repugnante, extendía su plaga con grotesca magnificencia, engendrando monstruosidades impías que convertían la batalla en un teatro de enfermedad y desesperanza.

Pero no todo estaba perdido. Desde las sombras de la disformidad y el fuego de la guerra, los Ángeles Sangrientos y los Cuervos Sangrientos surgieron como una lanza de furia y honor, dispuestos a desafiar el destino. Su misión era clara: erradicar al traidor Nathaniel Blake y restaurar el equilibrio, sin importar el costo. Y en ese campo de batalla condenado, donde el tiempo mismo parecía vacilar, los héroes lucharon, los demonios aullaron y la bóveda tembló hasta el colapso.

Cuando el polvo se asentó y el eco de los últimos disparos se desvaneció en la nada, la historia de la Arkeobóveda quedó marcada en la eternidad. No como una victoria, ni como una derrota, sino como un recordatorio de que, en la oscuridad sin fin del universo, la guerra nunca termina... solo cambia de forma.

El fin de los tiempos.

Muerte en las calles - Ciclo 1

El Fin de los Tiempos: La Profecía de los Seis Sellos


La hora ha llegado. Los presagios fueron ignorados, los antiguos textos profetizaron su advenimiento, pero la arrogancia de los mortales selló su destino. Desde los confines del universo, las grietas en la realidad han comenzado a expandirse, dejando paso a la disformidad y a horrores más allá de la comprensión. El firmamento se tiñe de fuego y sombras, mientras los Seis Pilares, guardianes de la existencia, sucumben ante la vorágine del Caos.

Los primeros dos ya han caído, reducidos a polvo y escombros. Sus ruinas son testigos del cataclismo que se avecina. En el horizonte, las fuerzas del Caos se alzan con un hambre insaciable, devorando todo a su paso. Khorne, el dios de la sangre, ruge en la batalla; Tzeentch, el arquitecto del destino, teje su red de engaños; Nurgle extiende su plaga inmortal y Slaanesh susurra tentaciones prohibidas.

No hay salvación. Solo fuego, ruina y el eco de una profecía olvidada. La pregunta ya no es si la realidad sobrevivirá… sino cuánto tiempo tardará en arder.

Lore: La épica historia de Cifrus Secundus.

Muerte en las calles - Ciclo 1

La épica historia de Cifrus Secundus.


¡Atensión! ¡Porke el lore es importante y Muñoncito lo dise!

¡Hola, cosa ke lee! Muñoncito habla.

Este es el rinconcito donde se guarda to lo ke pasó en la Crusada Oldikus. O lo ke se acuerdan loz ke ezkriben, ke ez más o menoz lo mismo. Aquí hai batallas, mentiras ke zuenan a verdá y zucesoz ke si no ze apuntan se olvidan (¡pero Muñoncito no olvida, el comisario sí!).

Aquí se cuentan las kosas de los más grandotes: los Gorrilaz de Lata, los Pinchudoz del Kaos, los Tíos Del Zas (¡Bang Bang!) y los Demaziado Ezpeluznantez pa' pensar en ello. Si kereis saber quién ze pegó con quién, kién robó qué y kién no volvió de la misión, aquí está too escrivido (más o menos... a veces azemos dibujos kuando no sabemos escribir una palabra).

¡Así ke lean, disfruten y no chiven al komizario ke Muñoncito usó la makina de escribir!

PD: Si veen un gretchin metido en la chatarra, no es Muñoncito. ¡Muñoncito no exizte si el komizario pregunta!

Personalidades de cifrus Secundus: Archiconfesor Dominicus, el Pastor de las Sombras

Muerte en las calles - Ciclo 1

Archiconfesor Dominicus, el Pastor de las Sombras


En el turbulento sector de Cifrus, donde la guerra y la fe entrelazan sus raíces, se erige una figura imponente: el Archiconfesor Dominicus. Nominalmente, es el máximo representante del Culto al Emperador en el sector, un faro de piedad y devoción para las masas. Sin embargo, tras los dorados muros de su catedral-palacio, su verdadera naturaleza es un enigma que oscila entre la devoción y la ambición oscura.

El Rostro Público: El Santo Orador

Para las multitudes, Dominicus es un hombre que encarna el fervor religioso. Su voz, profunda y resonante, se escucha en las congregaciones masivas desde los púlpitos de Cifrus Secundus hasta las estaciones orbitales más remotas. Habla de la luz del Emperador, de la necesidad de unidad y sacrificio, y de cómo la fe es el único escudo contra la marea del caos.

Dominicus es un líder que sabe utilizar la devoción como una herramienta. Con su carisma innegable, ha reunido a millones bajo su estandarte, ganándose la admiración tanto de los nobles como de los plebeyos. Su imagen pública es impecable: piadoso, compasivo y, sobre todo, inflexible en la defensa del credo imperial.

Detrás de los Muros: Un Pastor con Intenciones Oscuras

Pero las llamas de las velas en los salones dorados de su catedral no solo iluminan las escrituras santas. En los rincones oscuros, se murmuran secretos sobre el verdadero rostro del Archiconfesor. Los que se atreven a cuestionarlo desaparecen, las investigaciones de la Inquisición fracasan, y los rumores de su implicación en eventos sospechosos son silenciados antes de que puedan crecer.

En los últimos tiempos, Dominicus ha comenzado a reunir un ejército de fieles armados, conocidos como "La Guardia Pía". Oficialmente, son protectores del culto y defensores del sector contra las amenazas externas. Sin embargo, su número ha crecido a proporciones alarmantes, y su lealtad no es hacia el Imperio ni siquiera hacia el sector… sino exclusivamente hacia Dominicus. Se dice que estas tropas, que actúan con una mezcla de fanatismo y disciplina, han suprimido disidentes, requisado recursos, e incluso desviado artefactos y reliquias imperiales bajo la excusa de protegerlas.

La Sombra sobre la Inquisición

La Inquisición, siempre vigilante ante posibles desviaciones, ha intentado investigar a Dominicus. Pero cada intento termina en nada. Testigos clave mueren en circunstancias sospechosas, documentos cruciales desaparecen, y aquellos que se acercan demasiado sufren accidentes fatales o son acusados de herejía antes de poder actuar.

Algunos dentro de la Inquisición sospechan que Dominicus ha logrado tejer una red de contactos que se extiende desde las casas nobles del sector hasta los más bajos estratos del Administratum. Otros insinúan algo más siniestro: que el Archiconfesor podría estar utilizando poderes ocultos o haciendo pactos con fuerzas que desafían el mismo credo que profesa.

Las Verdaderas Intenciones: Un Misterio Envuelto en Fe

Nadie sabe qué busca realmente el Archiconfesor Dominicus. ¿Es un hombre que cree sinceramente estar actuando en nombre del Emperador, dispuesto a sacrificar todo en su visión de un sector puro? ¿O es un ambicioso político, utilizando la fe como una herramienta para alcanzar el poder absoluto?

Incluso hay quienes sugieren que su interés por la guerra y la acumulación de poder militar tiene un objetivo final: la independencia del sector de Cifrus, transformándolo en un estado teocrático regido por él mismo. Si esto fuera cierto, significaría una herejía y una traición de proporciones cósmicas.

El Enigma de Dominicus

Dominicus es una figura que inspira devoción y temor en igual medida. Su apariencia de santidad y su control sobre las masas hacen que incluso los más altos funcionarios imperiales tengan cuidado al tratar con él. Para algunos, es un santo viviente; para otros, una sombra que amenaza con consumir al sector en un incendio de fanatismo y ambición.

En un sector azotado por la guerra, donde las fronteras entre la fe y la locura se desdibujan, el Archiconfesor Dominicus sigue siendo un enigma. Un hombre que camina la delgada línea entre la luz del Emperador y la sombra del caos… y que tal vez ya haya cruzado ese umbral sin retorno.

“El Emperador me ha otorgado su visión. Lo que hago no necesita explicación, pues todo está dentro de su designio divino. Si eso requiere que otros sufran, que así sea. La fe verdadera exige sacrificio, y yo me encargaré de que se cumpla.”Archiconfesor Dominicus

EL FIN, LA PROFECIA DE LOS 6 SELLOS.

Muerte en las calles - Ciclo 1

LA VISIÓN DE LOS PILARES


(Relato en primera persona de Valentín O'Rossi.)

El despacho estaba en penumbra, iluminado solo por los proyectores hololíticos que proyectaban los esquemas del generadorum. Mis ojos recorrían las rutas de avance, los posibles puntos de resistencia. El asalto debía ser rápido y preciso; la seguridad del generador era crítica.

Temure insistió en que era el único modo. Desplegar el artefacto, desviar la energía hacia los generadores auxiliares. No entendía completamente la lógica detrás de su propuesta, pero confiaba en la estrategia. Él veía en código binario lo que yo veía en sangre y acero.

Mi mano rozó la pantalla, trazando mentalmente la ruta de mis hombres. Un parpadeo.

Y de pronto, ya no estaba en Ferrum.

El olor a polvo rojo y ceniza llenó mis pulmones. Sentí el peso de la armadura mucho más liviano. Mi mano sujetaba un bolter, pero no el mío… uno más tosco, más antiguo. Bajé la vista a mi torso y vi la servoarmadura sin los refuerzos de los primaris. Mi respiración se entrecortó. Esto era Baal.

Un recuerdo, un eco de lo que fui.

Neófito. Un mero hermano novicio antes de cruzar el Rubicón.

La misión aún ardía en mi mente. Un diácono había perdido la razón, blasfemando contra la gloria del Emperador en la catedral del distrito. Su condena estaba sellada. Mi escuadra recibió la orden de purgar la herejía con un disparo limpio.

Recuerdo atravesar las puertas de la catedral. Su silueta encorvada ante el altar, murmurando sus herejías. Apunté con el bolter, mi dedo listo para jalar el gatillo.

Y entonces, unos ojos brillantes como la furia misma se clavaron en mí.

Sir Modred.

La figura de fulgurante presencia se alzó ante mí. No tuve tiempo de reaccionar. Un chasquido, y el polvo de la catedral se desvaneció.

El calor del desierto me golpeó. El sol carmesí de Baal abrasaba la arena, haciéndola ondear como fuego líquido. Sir Modred estaba allí, su forma titilando con una presencia etérea.

Frente a nosotros, seis pilares de piedra se alzaban en el horizonte. Dos de ellos estaban rotos.

Y en el aire, resonó la voz del diácono.

"Cuando el primer sello caiga, el tiempo se hará trizas,
Cifrus arderá y su llama será brisa.

El segundo al pestilente entregará su reino,
Xanatar de plaga, su pútrido dueño.

Con el tercero la guerra despertará en furia,
Ferrum quebrado, la puerta se injuria.

El cuarto, el anillo, de traición se vestirá,
Tzeentch su risa en susurros verá.

El quinto, la sombra que todo consume,
Los héroes caídos, en duda y perfume.

Y el sexto... la bestia, la ruina final,
Los jinetes cabalgan, el sector morirá."

El viento ululó, removiendo el polvo a mis pies. Mis ojos recorrieron los pilares de nuevo. Dos rotos. Cuatro aún en pie.

La sangre en mis venas se congeló.

Intenté hablar, exigir respuestas, pero mis labios no se movieron. Sir Modred me miró, sus ojos ardían como soles muertos.

Y en otro chasquido, el desierto se desvaneció.

Me encontré de vuelta en mi despacho, el sudor frío resbalando por mi frente.

Las holopantallas aún brillaban. La estrategia seguía allí. La voz de Temure seguía resonando en los vox-casters.

Pero el eco de la profecía aún palpitaba en mi mente.

Dos sellos ya habían caído.

¿Cuánto faltaba para el tercero?

The tacticum Ciclo 1

Registro de Ciclo de Batallas

📊 Registro de Resultados del Ciclo

Tabla de Partidas
JUGADOR PG P.Lore P.Campaña P.Estrategia Total
Ribe 0 11 4 11 16
Iván 0 12 2 14 14
Jose 1 16 9 6 25
Kiko 0 15 5 15 20
Quevedo 1 13 13 13 26
David 0 8 7 19 15
                                 /\
                                /  \__
                               /     \_\
                              /  /\    \        [I] PALACIO DE FERRUM EL GRANDE
                            _/__/__\___/        (Cúpula de gobierno y torres de vigilancia)
                           / \  []  [] \_
                          /   \--------/|\
                         /  _   ____    \ \
                        /  | | |vox|    /  \       [II] CONCATEDRAL SANTA GALATEA
                       /  /_| |_|__|   /   |       (Templos, reclusorios, torres de rezo)
                      /____/----------/----\
                     / | || Adeptus ||      \
                    /__|_|| Mechanicus|  []  \      [III] ZONA MILITAR Y BAJA NOBLEZA
                   /      || Manufactorum|   |\     (Plazas, hangares, hab-units)
                  /|[] [] ||            | []|_\ \
                 /_|\____/|   ______    |     \_\ 
                |  ||     |  /      \   | []   | \
                |__||     | |  Munis |  |______|__\ 
               /---|------|_|________|------------\   [IV] ZONA CARDENALICIA
              / []  Generadores y Talleres        |\  
             /   Capillas colgantes y archivos     \_\ 
            /__Entradas selladas__[]___[]_____[]____\ 
           /     [V] UNDERHIVE - ZONA PROHIBIDA         \ 
          /    (Mutantes, cultos, horrores disformes) \
         /_____/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_\___\   

Muerte en las calles, Ciclo 1 - Valentin O'Rossi - Capítulo 4:

Muerte en las calles - Ciclo 1

Valentín O’Rossi. Acto IV, Capítulo IV: Una grieta de la disformidad y de mi mente


La colmena Ferrum se ha convertido en un infierno en el cual se ha olvidado el significado de las palabras paz y descanso. La primera por motivos obvios, jamás habrá paz mientras persista la amenaza hereje, mutante y xeno. La segunda, porque descansar implica otorgar la oportunidad al enemigo de recobrar fuerzas tras nuestras iniciales victorias. Mientras yo siga al mando, nunca pararemos, nunca nos detendremos hasta lograr lo que el Emperador nos ha encomendado.

La recién tomada fortaleza de Nurgle nos ha abierto nuevas opciones, tanto por la ubicación estratégica en que se encuentra dentro del núcleo de la Colmena, como por la nueva tecnología antigravitatoria que nos ha brindado el Archmagos. Además, tras haberle hecho prisionero en la última contienda, Cypher no para de susurrar que nos armemos, dice que quiere ayudar y que conoce los planes de la disformidad… que pronto se verán obligados a liberarle... De momento, no me fío de él, pero sus advertencias… pesan en mi alma.

Me encontraba en la sala de mando, debatiendo con Raldeo nuestro siguiente movimiento, cuando de repente se oyó una gran explosión. Provenía del laboratorio de Temure, quien llevaba varios días sin salir de ahí. En un instante, todo el ambiente se enrareció. El aire se tornó nauseabundo y se llenó de moscas putrefactas. De algún modo, se había abierto una grieta en la disformidad, una grieta en la realidad… El jardín de Nurgle se filtraba sobre nosotros. En cuestión de segundos, ante nuestras puertas se encontraba toda una hueste de demonios de Nurgle, y para nuestra sorpresa, nuestros hermanos caídos de los Portadores de la Palabra también aparecieron entre los demonios. Parecían estar tan sorprendidos como nosotros, pero se mostraban dispuestos a recuperar la fortaleza perdida.

Sin apenas tiempo para organizar la defensa, ordené liberar a Cypher de su celda. Debíamos contar con toda la ayuda posible, pero ordené al anciano Certerus, internado en un ballistus, que lo vigilase de cerca.

Se dio entonces inicio a una feroz lucha, en la que las espadas iban a dominar a los cañones. Precisamente, Certerus fue el primero en caer bajo la lluvia de fuego de los herejes. Dado que el Vindicator tardó en estar preparado, solo nos quedaban nuestros puños. Nuestra baza era clara: debíamos arrinconar al enemigo en espacios cerrados, donde su superioridad numérica no tuviera ventaja. Estar a la intemperie sería nuestra perdición.

Y eso hicieron mis hombres, capitaneados por Raldeo. Poco a poco iban aniquilando escuadrones de Portadores de Plaga, innumerables. La Compañía de la Muerte descendió en auxilio de los erradicadores y, haciendo honor a su nombre, aplastaron a los marines traidores. Cypher, sin la vigilancia de nuestro caído dreadnought, se transportó a la boca del enemigo. Parecía querer acabar con el mago de Tzeench, que no paraba de lanzar hechizos múltiples, pero se quedó corto y simplemente derribó unos cuantos Havocs. No se supo más de él en toda la contienda, lo cual me desconcierta.

Pero lo más preocupante fue lo siguiente. Durante un instante, pese a que mis tropas se encontraban coordinadas, me invadió una sensación de vacío, angustia y terror. Mi mente parecía haberse trasladado a otra época, a otro planeta, y estaba luchando frente a un enemigo mucho más poderoso que el que realmente tenía enfrente. Perdí el control sobre mi cuerpo y, sin quererlo, rompí la formación de batalla y me lancé a la jauría enemiga.

Cuando recuperé el mando sobre mí, ya era tarde. Tras arrasar a unos simples cultistas, estaba rodeado de unos mortíferos poseídos. Dirigidos por un mutilante líder, nos dejaron a mis motoristas y a mí muy malheridos. No estaría escribiendo esto de no ser por los guardias veteranos, que acudieron en mi auxilio.

Finalmente, los demonios que quedaban dispersos simplemente colapsaron. Aparentemente, la grieta se cerró y los demonios desaparecieron. Conseguimos defender la fortaleza, pero no estoy seguro de a qué precio.

Diario de batalla de Valentín O’Rossi, Alto Capitán de los Ángeles Sangrientos.

La zona cercana al núcleo aún palpitaba, no es común que la realidad se fragmente así… deja señales… Una vista sagaz podría notar que cerca del vuelo de un buitre… unos escombros se están moviendo…

De entre los escombros... un pequeño goblin... sin piernas ni brazos emerge...

ZI, ZOY EL PUTO MEJOR, YO ZOLO HE VENZIDO A LOS DEMONIOZ!! HUID HUMIEZ ROJOZ, YO MUÑONCITOS SOY EL REY.

Muerte en las calles, Ciclo 1 - Alastor - Capítulo 4:

El Eco del Pasado

EL ECO DEL PASADO

(Relato en primera persona de Alastor, previo a negociar con Trazyn “el Ilustre”.)

La luz fría de mi cripta ilumina el Obscurum con su resplandor necrótico. Lo observo en silencio, su oscura carcasa palpita con un ritmo antinatural, como si en su interior algo esperara, respirara. No siento orgullo ni satisfacción, solo cálculo. Un artefacto de tal magnitud... y, sin embargo, todavía insuficiente.

Mientras mis Aprenteks se deslizan por la bóveda, transmiten datos en paralelo. Pérdidas mínimas en mis huestes: un contingente de Inmortales desmantelado, dos destructores dañados más allá de reparación. Los espectros canópticos, en su fría eficiencia, cumplieron con su tarea sin apenas contratiempos. Sin embargo, los Ángeles Oscuros… presentaron más resistencia de la esperada.

Cierro los ojos un instante, revisando la batalla en mi mente con precisión quirúrgica. Cypher, ese enigma, aprovechó su oportunidad con una audacia que casi parecía suicida. Vi su sombra moverse entre la devastación, desatando el caos entre los hijos de Lion. Sus disparos segaron la vida de los astartes con precisión y crueldad. A cada movimiento suyo, nuestras huestes se afianzaban en el campo de batalla.

Pero no fue suficiente para quebrarlos. Aguantaron, tercos y fanáticos, combatiendo con esa obstinación inútil que define a los leales al Imperio. Las líneas de batalla se enredaron en un torbellino de destrucción, mientras yo avanzaba. Las tropas no eran más que una distracción, una bruma de guerra que ocultaba mi verdadero propósito.

Los espectros y yo nos deslizamos como sombras mecánicas, ignorados en medio de la carnicería. Nos infiltramos en el sancta sanctorum de su nave, donde los guardianes más fanáticos custodiaban los restos de su herencia. Reliquias sagradas para ellos, simples fragmentos del pasado para mí.

El saqueo fue exitoso. Una por una, aquellas reliquias astartes fueron reclamadas. Blasfemias para su credo, tesoros para los necios... y, quizás, una moneda de cambio con ese estúpido de Trazyn.

Ese pensamiento me irrita. La idea de negociar con él me resulta repulsiva, pero el Mysterium es la clave. No es solo información, no es solo un fragmento de conocimiento. Es el siguiente paso en este juego, y yo estoy dispuesto a obtenerlo, por encima de cualquiera.

—Maestro…

La voz del Retorcido me arranca de mis pensamientos. Me giro, observándolo con indiferencia. Su silueta arqueada y maltrecha es un recordatorio de lo que significa estar demasiado tiempo en el filo de la eternidad.

—La ruta de salto a Solemnace está calculada. No hubo resistencia en la solicitud de tránsito.

Así que Trazyn accede a una audiencia… o, al menos, no nos impide el acceso a su dominio.

Un leve destello de malicia cruza mis pensamientos.

“El Ilustre” cree que puede jugar con la historia, preservarla a su capricho. Tal vez aún no entiende que lo que no se puede poseer… debe ser destruido.

Sonrío. Es hora de jugar mi siguiente movimiento.

Muerte en las calles, Ciclo 1 - Pandemius - Capítulo 4:

Muerte en las calles - Ciclo 1

Ciclo eterno de muerte.


Fecha: 11 de Marzo del 423.M41

Las nubes espesas de esporas tóxicas cubrían el terreno abandonado cuando los orkos llegaron. En un principio, vinieron con sonrisas torcidas y armas alzadas en señal de tregua.

“¡Waaaagh juntos, peña de la plaga!”

Berreaban con su torpe lengua. Se golpeaban el pecho, jurando que luchaban a nuestro lado contra el enjambre tiránido. Pero la podredumbre nos ha enseñado que nada es eterno salvo la decadencia, y la lealtad de los pielesverdes no duró más que un respiro pútrido.

La traición llegó con un grito gutural y el rugido de motosierras. Tronchamulaz, el más brutal de su horda, lideró el ataque. Su peña de Nobz cayó sobre nosotros, descuartizando a El Testigo con sus armas toscas y ensangrentadas antes de que pudiera hacer nada. Su risa bestial resonó entre los gritos de los caídos, y la podredumbre en nuestra carne se estremeció de indignación. Habíamos compartido esta guerra por un instante, y ahora, con su insaciable sed de violencia, nos habían clavado el cuchillo por la espalda.

Pero la Death Guard no olvida. Pandemius, aquel que siempre parece saber más de lo que revela, reaccionó con fría determinación. Sus fuerzas, en un movimiento calculado, destruyeron sus kopteroz mediante golpes contundentes. Sin sus máquinas voladoras, los orkos quedaron atrapados en el fango corrupto del campo de batalla, incapaces de moverse con la rapidez que tanto aman. Ahora, la guerra no se lucharía a su ritmo. Ahora, el tiempo se pudriría a nuestro favor.

Los marines de plaga avanzaron lentamente pero con sed de venganza hacia Tronchamulaz. La carne y la armadura del kaudillo, resistente como el adamantio, comenzaron a resquebrajarse bajo las enfermedades que le ofrecimos. Sus bramidos de rabia se ahogaron cuando las burbujas de podredumbre devoraron su piel y los parásitos de Nurgle perforaron su armadura. Y entonces, en un último acto de castigo, nuestro Plagueburst Crawler disparó. Un rugido de explosión resonó en el campo de batalla y el gran kaudillo de los orkos fue reducido. Los pielesverdes vieron la ruina de su líder y la desesperación comenzó a devorarlos. Su arrepentimiento fue inmediato, pero tarde. El castigo ya estaba sellado.

Del otro lado del campo de batalla, la marea blanca y morada de los tiránidos no cesaba. Gehenna, la criatura que encabezaba la avanzada del enjambre, se atrincheró en uno de los puntos clave. Su cuerpo colosal palpitaba con la presencia de la Mente Enjambre. No podíamos permitir que mantuviera su dominio. Typhus lo sabía.

La guadaña del Heraldo de la Plaga brilló con un hedor antinatural mientras él y su guardia de sudarios se lanzaban a la carnicería. Los Deathshroud lucharon con la misma resistencia con la que la enfermedad consume la carne viva. Gehenna aulló de furia mientras sus garras desgarraban la ceramita de mis camaradas, pero la podredumbre lo abrazaba con cada impacto. Un enjambre de hormagantes nos sorprendió e intentó detener nuestra ofensiva, pero incluso ante la muerte, Typhus no iba a permitirlo.

Con su último aliento, el Heraldo reinició la carga. Su voz resonó en el campo de batalla con un eco profano. De las entrañas del Inmaterium, una nueva escuadra de marines de plaga emergió, arrastrándose desde el éter en una marea de pestilencia. Junto a ellos, el zumbido del dron de plaga llenó el aire, esparciendo su veneno como la voluntad final de Typhus. Gehenna rugió de agonía. Su cuerpo, antes imponente, se derrumbó bajo el peso de la corrupción. Su nodo fue nuestro.

La batalla terminó con la sensación de una victoria incompleta. Habíamos logrado mucho, pero algo en el aire nos advertía que el conflicto estaba lejos de acabar. La venganza de los orkos no se disiparía tan fácilmente. El enjambre tiránido no dejaría esta afrenta sin respuesta.

Y Pandemius, herido… él miraba el campo de batalla con la misma quietud de siempre. Como si hubiese visto todo esto antes, como si todo hubiera salido exactamente como él había previsto.

El ciclo de la plaga nunca termina. Y ninguno de nosotros podrá escapar de lo que se avecina.

Muerte en las calles, Ciclo 1 - Barakiel - Capítulo 4:

Muerte en las calles - Ciclo 1

La Vigilia de Barakiel


El aire estaba cargado de ozono y el zumbido de los generadores de energía de las armaduras Exterminador. Barakiel, Capellán Interrogador de los Ángeles Oscuros, se alzaba como un monolito de ceramita negra entre las ruinas de un mundo olvidado, sujetando su crozius arcanum. Los chasquidos de energía sagrada que emanaban de este rompían la monotonía de los zumbidos. Las reliquias del Capítulo —fragmentos de un pasado que no podían caer en manos impías— yacían tras él, custodiadas por el venerable Dreadnought y los hermanos de la Deathwing. Su voz resonó a través del vox, grave y cortante como una hoja de obsidiana:

"Por el León y el Emperador, no cederemos."

Frente a ellos, los necrones emergían de la tierra como espectros mecánicos, sus ojos verdes brillando con una luz muerta. Su líder, Alastor, dirigía a sus legiones con una precisión inhumana. Los disparos de energía gauss laceraban el aire, desintegrando roca y carne por igual. Barakiel avanzó, su armadura resonando contra el suelo agrietado, liderando la carga contra las falanges de guerreros esqueléticos. Su crozius descendió una y otra vez, aplastando cráneos metálicos y dispersando chispas verdes.

"¡Hijos del León, purgad a estas abominaciones xenos!"

rugió, mientras un Dreadnought a su flanco disparaba salvas de plasma con su cañón chisporroteante.

Pero no estaba solo en el campo de batalla. Entre las sombras, una figura envuelta en misterio observaba: Cypher, el Caído, el traidor eterno. Su presencia era un cuchillo en la espalda de Barakiel, una deuda de sangre que el Capellán Interrogador había jurado saldar. Las pistolas de plasma de Cypher escupieron fuego, buscando al capellán entre el caos, pero los disparos se perdieron en la tormenta de batalla. Barakiel lo sintió, giró su visor hacia las ruinas, pero no había tiempo para la venganza: los Necrones avanzaban sin pausa.

Las reliquias eran el corazón de la misión, fragmentos de un legado que los Ángeles Oscuros no podían perder. Sin embargo, la superioridad necrona era implacable. Los Exterminadores caían uno a uno, sus armaduras perforadas por haces de energía gauss. En Dreadnought, venerable y antiguo, explotó en una lluvia de fragmentos, su sarcófago silenciado para siempre. Barakiel luchó como un titán, con una fe inquebrantable, pero el objetivo se desvanecía. La inmundicia silente alcanzó las reliquias, cerrando sus manos frías sobre el metal sagrado.

Herido, pero no derrotado, Barakiel se mantuvo en pie entre los cuerpos de sus hermanos y los restos de los xenos. Cypher había desaparecido en la penumbra, su cacería había sido frustrada una vez más. Los necrones se retiraron con su botín, dejando tras de sí un campo de muerte. El Capellán Interrogador alzó su crozius al cielo oscurecido, su voz un gruñido de desafío:

"Esto no acaba aquí. Por el León, os encontraré. Y pagaréis."