Los 7 días.

Muerte en las calles - Ciclo 1

La Profecía de Ferrum


La sangre todavía humeaba sobre la piedra fría.

Avanzamos con paso firme a través del claustro devastado, el aroma del incienso sagrado aún flotaba en el aire, tratando en vano de ahogar el hedor metálico de la muerte. Las llamas consumían los tapices y los iconos sagrados, pintando sombras retorcidas en los muros de la Santa Iglesia de Galaeta.

Yo fui el primero en verlas.

Las puertas del convento, antaño blancas y puras, estaban cubiertas de palabras talladas con uñas y dientes, trazadas con la sangre de las sororitas masacradas.

"Al Séptimo Día la Puerta Temblará.
Al Octavo Día el Tiempo Morirá.
Las Columnas Caerán,
Los Caminos se abrirán,
Y del Vacío al Caos,
El Último Fragmento Volverá.

La Sangre del Hereje,
La Mano del Traidor,
El Engranaje Divino,
El Tiempo Consumido.

Todo es uno.
Todo es nada.
El Reloj se detendrá."

Detrás de mí, Valentin hizo una señal a los suyos. Nadie debía leer esto. Nadie debía recordar.

—Quemadlo. Que no quede piedra sobre piedra.

Los asesinos de la Deathwing avanzaron en silencio, comenzando la purga.

Sobre los escalones del altar, el vidente caído yacía en un charco de su propia sangre, sus ojos abiertos en un éxtasis de locura. Sus labios aún se movían, repitiendo esas mismas palabras.

Me arrodillé junto a su cadáver.

¿De qué Puerta hablaba? ¿Quién era el Último Fragmento? ¿Qué significaba todo esto?

Detrás de mí, las llamas comenzaron a devorar la profecía.

Me volví hacia Valentin.

—Acabemos con los testigos.

Y así, se hizo el silencio.

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