La Vigilia de Barakiel
El aire estaba cargado de ozono y el zumbido de los generadores de energía de las armaduras Exterminador. Barakiel, Capellán Interrogador de los Ángeles Oscuros, se alzaba como un monolito de ceramita negra entre las ruinas de un mundo olvidado, sujetando su crozius arcanum. Los chasquidos de energía sagrada que emanaban de este rompían la monotonía de los zumbidos. Las reliquias del Capítulo —fragmentos de un pasado que no podían caer en manos impías— yacían tras él, custodiadas por el venerable Dreadnought y los hermanos de la Deathwing. Su voz resonó a través del vox, grave y cortante como una hoja de obsidiana:
"Por el León y el Emperador, no cederemos."Frente a ellos, los necrones emergían de la tierra como espectros mecánicos, sus ojos verdes brillando con una luz muerta. Su líder, Alastor, dirigía a sus legiones con una precisión inhumana. Los disparos de energía gauss laceraban el aire, desintegrando roca y carne por igual. Barakiel avanzó, su armadura resonando contra el suelo agrietado, liderando la carga contra las falanges de guerreros esqueléticos. Su crozius descendió una y otra vez, aplastando cráneos metálicos y dispersando chispas verdes.
"¡Hijos del León, purgad a estas abominaciones xenos!"rugió, mientras un Dreadnought a su flanco disparaba salvas de plasma con su cañón chisporroteante.
Pero no estaba solo en el campo de batalla. Entre las sombras, una figura envuelta en misterio observaba: Cypher, el Caído, el traidor eterno. Su presencia era un cuchillo en la espalda de Barakiel, una deuda de sangre que el Capellán Interrogador había jurado saldar. Las pistolas de plasma de Cypher escupieron fuego, buscando al capellán entre el caos, pero los disparos se perdieron en la tormenta de batalla. Barakiel lo sintió, giró su visor hacia las ruinas, pero no había tiempo para la venganza: los Necrones avanzaban sin pausa.
Las reliquias eran el corazón de la misión, fragmentos de un legado que los Ángeles Oscuros no podían perder. Sin embargo, la superioridad necrona era implacable. Los Exterminadores caían uno a uno, sus armaduras perforadas por haces de energía gauss. En Dreadnought, venerable y antiguo, explotó en una lluvia de fragmentos, su sarcófago silenciado para siempre. Barakiel luchó como un titán, con una fe inquebrantable, pero el objetivo se desvanecía. La inmundicia silente alcanzó las reliquias, cerrando sus manos frías sobre el metal sagrado.
Herido, pero no derrotado, Barakiel se mantuvo en pie entre los cuerpos de sus hermanos y los restos de los xenos. Cypher había desaparecido en la penumbra, su cacería había sido frustrada una vez más. Los necrones se retiraron con su botín, dejando tras de sí un campo de muerte. El Capellán Interrogador alzó su crozius al cielo oscurecido, su voz un gruñido de desafío:
"Esto no acaba aquí. Por el León, os encontraré. Y pagaréis."

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