Muerte en las calles, Ciclo 1 - Alastor - Capítulo 4:

El Eco del Pasado

EL ECO DEL PASADO

(Relato en primera persona de Alastor, previo a negociar con Trazyn “el Ilustre”.)

La luz fría de mi cripta ilumina el Obscurum con su resplandor necrótico. Lo observo en silencio, su oscura carcasa palpita con un ritmo antinatural, como si en su interior algo esperara, respirara. No siento orgullo ni satisfacción, solo cálculo. Un artefacto de tal magnitud... y, sin embargo, todavía insuficiente.

Mientras mis Aprenteks se deslizan por la bóveda, transmiten datos en paralelo. Pérdidas mínimas en mis huestes: un contingente de Inmortales desmantelado, dos destructores dañados más allá de reparación. Los espectros canópticos, en su fría eficiencia, cumplieron con su tarea sin apenas contratiempos. Sin embargo, los Ángeles Oscuros… presentaron más resistencia de la esperada.

Cierro los ojos un instante, revisando la batalla en mi mente con precisión quirúrgica. Cypher, ese enigma, aprovechó su oportunidad con una audacia que casi parecía suicida. Vi su sombra moverse entre la devastación, desatando el caos entre los hijos de Lion. Sus disparos segaron la vida de los astartes con precisión y crueldad. A cada movimiento suyo, nuestras huestes se afianzaban en el campo de batalla.

Pero no fue suficiente para quebrarlos. Aguantaron, tercos y fanáticos, combatiendo con esa obstinación inútil que define a los leales al Imperio. Las líneas de batalla se enredaron en un torbellino de destrucción, mientras yo avanzaba. Las tropas no eran más que una distracción, una bruma de guerra que ocultaba mi verdadero propósito.

Los espectros y yo nos deslizamos como sombras mecánicas, ignorados en medio de la carnicería. Nos infiltramos en el sancta sanctorum de su nave, donde los guardianes más fanáticos custodiaban los restos de su herencia. Reliquias sagradas para ellos, simples fragmentos del pasado para mí.

El saqueo fue exitoso. Una por una, aquellas reliquias astartes fueron reclamadas. Blasfemias para su credo, tesoros para los necios... y, quizás, una moneda de cambio con ese estúpido de Trazyn.

Ese pensamiento me irrita. La idea de negociar con él me resulta repulsiva, pero el Mysterium es la clave. No es solo información, no es solo un fragmento de conocimiento. Es el siguiente paso en este juego, y yo estoy dispuesto a obtenerlo, por encima de cualquiera.

—Maestro…

La voz del Retorcido me arranca de mis pensamientos. Me giro, observándolo con indiferencia. Su silueta arqueada y maltrecha es un recordatorio de lo que significa estar demasiado tiempo en el filo de la eternidad.

—La ruta de salto a Solemnace está calculada. No hubo resistencia en la solicitud de tránsito.

Así que Trazyn accede a una audiencia… o, al menos, no nos impide el acceso a su dominio.

Un leve destello de malicia cruza mis pensamientos.

“El Ilustre” cree que puede jugar con la historia, preservarla a su capricho. Tal vez aún no entiende que lo que no se puede poseer… debe ser destruido.

Sonrío. Es hora de jugar mi siguiente movimiento.

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