Fragmento encontrado en un códice corroído, sin autor reconocido
He seguido a Pandemius a través de mundos que ya no existen.
He escuchado sus plegarias en lenguas olvidadas.
He visto cómo sus fracasos se transformaban en semillas.
Semillas que ahora germinan en Ferrum.
Su obsesión no nació en esta campaña.
No nació en la plaga, ni en la disformidad, ni en la carne que se pudre sin cesar.
Nació en el momento en que entendió que la muerte no es suficiente.
Desde entonces, ha perseguido un propósito que ni siquiera Typhus llegó a comprender.
No conquistar. No destruir. No infectar. Liberar.
Liberar a todos los seres vivos de la maldición que nos ata a ciclos sin sentido: nacimiento, miedo, muerte.
Liberarnos de la condena de los relojes.
Del peso de los pulsos.
Del eco de los calendarios.
Romper la jaula que todos los dioses han aceptado como eterna.
Ferrum es su última llave.
No porque sea el lugar más poderoso.
No porque otros lo deseen.
Sino porque aquí, el corazón aún late.
El reloj aún tiembla.
La grieta se ha abierto. La disformidad lame los bordes de este cadáver planetario. Las campanas oxidadas repican en el eco púrpura, y Pandemius las escucha. No como una señal de guerra, sino como una llamada.
Aquí, me ha dicho, podrá sembrar el jardín definitivo.
Uno donde las raíces devoren al tiempo.
Donde los cuerpos florezcan sin límite ni final.
Donde la muerte no sea el fin… pero tampoco sea la condena.
Un lugar donde todos —humanos, orkos, tiránidos, ángeles, espectros, incluso los dioses— puedan ser libres de sus relojes.
Su cruzada no es por victoria. Es por ruptura.
Los necrones vienen. Los orkos rugen. El Imperio se aferra a sus brasas. Todos creen luchar por algo. Todos creen que sus armas tienen sentido.
Solo Pandemius ha visto el jardín al otro lado.
Quizá fracasemos. Quizá volvamos a caer, como tantas veces. Pero no importa.
El reloj ya tiembla.
El corazón ya late.
Las campanas ya suenan.
Cassior Thravian, el Vigilante de las Puertas Doradas
El eco de sus pasos resonaba como campanadas de plomo sagrado a través de la Cámara de los Juramentos, en lo profundo del Palacio Imperial de Terra. Allí, donde incluso el tiempo parecía inclinarse ante la voluntad del Trono Dorado, Cassior Thravian aguardaba, inmóvil como una estatua esculpida en oro viviente. Su armadura centelleaba con la luz del trono eterno.
Cassior no era un Custodio cualquiera. Era el Vigilante de las Puertas Doradas, Shield-Captain de los Adeptus Custodes, y uno de los pocos mortales a los que se les permitía caminar en la penumbra sagrada más allá del Trono. En su pecho ardía un juramento sellado con sangre, fe, y fuego.
Valentín O’Rossi, antiguo capitán de los Ángeles Sangrientos en Ferrum, había desaparecido sin dejar más que cenizas y destrucción. La colmena Ferrum, otrora próspero bastión industrial del Imperio, se había precipitado en la oscuridad. Las fuerzas imperiales habían fracasado. La mayor parte de Astra Militarum y Adeptus Astartes se habían retirado. Códices de datos hablaban de la corrupción del Caos, del asedio de fuerzas xenos no identificadas, de abominaciones que desgarraban la realidad.
La orden no llegó con palabras, sino con el silencio del Trono. Bastó un gesto. Una mirada de aquellos cuya voluntad es la del mismísimo Emperador.
Cassior inclinó la cabeza, aceptando la misión sin necesidad de más. Sus órdenes eran simples en forma, imposibles en ejecución: "Purga Ferrum. Restaura el orden. Lleva la voluntad del Emperador donde otros han caído."
Él no pidió refuerzos. Los Custodes no piden. Ellos cumplen su cometido.
A bordo de la nave de despliegue "Aeternum Fidelis", Cassior partió con un destacamento de sus iguales: guerreros esculpidos por la genética, templados por mil guerras, armados con la luz de Terra. Su espada, Veritas Sanguinem, descansaba en su espalda como una promesa de extinción para todos aquellos que osaran desafiar la visión divina.
Cassior no temía. Había caminado entre los escombros de Cadia. Había hecho retroceder a demonios con su sola presencia. Había hecho callar a un Primarca Traidor con una mirada.
Ahora, su mirada se dirigía hacia Ferrum.
Y cuando Cassior Thravian mira… la galaxia tiembla.
"Que cada latido de mi corazón sea un golpe contra la oscuridad. Que cada paso que dé resuene como un juicio eterno. Yo soy el custodio del juramento eterno. Yo soy la espada que no cae."
En las profundidades del inmenso y corrupto universo del Caos, donde las plagas se entrelazan con el tejido de la realidad, Nurgle, el Gran Padre, ha convocado a uno de sus más leales servidores para cumplir un cometido que trasciende el tiempo y el espacio. Azrak, el Inquisidor Pestilente, se alza como el ejecutor de la voluntad del Dios de la Plaga, llevando consigo la pesada carga de la auditoría divina.
Azrak, con su armadura abotargada por la pestilencia y sus ojos ardiendo con la luz de un propósito oscuro, llega al mundo colmena de Ferrum. Su misión: evaluar a Pandemius, el gran heraldo de Nurgle, que ha sido señalado por rumores de desviarse del camino que el Gran Padre le ha trazado.
En su llegada, Azrak es testigo de los vestigios de la corrupción que se ha extendido por la sector, con Dominicus el Pío, una figura que alguna vez fue un líder venerado, ahora corrompido por las influencias de Slaanesh. La corrupción de Dominicus es un testimonio de la amenaza constante que acecha incluso a los más devotos, y Azrak no puede ignorar las señales de desviación que amenazan con desestabilizar el equilibrio de la plaga.
La presencia de Azrak es como una sombra oscura que se cierne sobre aquellos que han traicionado la pureza de la plaga. Sus palabras son como veneno, sus juicios, irrefutables. Cada paso que da resuena con el eco de un destino inevitable, mientras su presencia imponente recuerda a todos los seguidores de Nurgle que su lealtad es inquebrantable y que el Gran Padre no tolera los errores.
Esta entrada aún no está disponible. Tal vez Trazyn el Infinito la haya robado para su colección, o simplemente todavía no ha sido escrita. Sea como sea, ¡no desesperes!
Vuelve pronto o explora otras secciones mientras tanto.
Llevo días.
Días subío encima del Ezkurrapato, ese zamarrao loco que solo sigue a uno: El Ezkurridor.
Pero el jefe… el jefe se ha ido.
No en plan de irse a saquear. No.
Se ha ido… de la cabeza.
Desde que salimos del cráter del generador, no ha vuelto a partirle el cráneo a nadie. Ni ha gritao, ni ha tirao nada.
Se metió en el desierto de escombros y polvo disforme y empezó a cantar.
Un salmo, dice. ¡Un salmo! ¡El Ezkurridor, el mismo que una vez meó sobre una comuna de weirboyz, está cantando salmos!
Tres días.
Tres noches.
Sin dormir. Sin comer. Sin darme una buena zurra.
Yo creo que lo han dao por muerto los dioses esos del caos. Que tanta “Hoztia” al cráneo le ha dejado el cogote más blando que pan mohoso.
Y justo cuando pensaba bajarme del Ezkurrapato e irme con los kabolez a robar chatarra, pasa.
La fogata cambia de color.
El verde… no el verde de las esporas, ni el de la bilis… otro verde.
Más profundo. Más grande.
Y ahí, ¡BOOM!, cae un rayo sin nube. Un destello. Un olor a profecía en el aire.
Y sale ÉL.
Un orko viejo. Más viejo que el tiempo.
Sin ojos. Sin dientes. Sin razón aparente para seguir vivo.
Pero con una risa de esas que hacen temblar los pellejos.
— "Ezkurridor… hijoh de hoztias… hijoh del grieto… el moomento ha llegao…"
Lo juro por los dientes del Gargante que me crió: ¡el viejo hablaba en lengua profética!
Yo no entendía nada, pero el Jefe…
El Jefe calló.
Por primera vez.
El viejo orko se acercó, chasqueando con su bastón hecho de huesos de marinez y radios de moto orka.
— "Solo puede haber un Orko que Ve. Uno que guíe a la raza al Punkamachaka eterno. Tú ereh él. Tú lo ha visto too. El generador, la puerta, la Lady Tiempo, el gritoh de la Galatea, los siete demonios, ¡las luces de colores!”
Yo me hice pis. Literal. Pero el Jefe…
El Jefe lloró.
Y el viejo, con una sonrisa sin cara, le dio la vara.
Una vara de jefe, sí, pero no de jefe de guerra. Una vara de destino.
Luego se disolvió en chispas verdes. Como una estrella fugaz hecha de pedos y fe.
Y el Jefe… El Ezkurridor…
Se arrancó los ojos.
Se los arrancó con las uñas, mientras reía.
Ahora está ciego. Pero lo ve todo.
Sus ojos son cenizas. Pero su voz es truenoh.
Ya no es solo un jefe de guerra.
Ya no es solo un chiflado con motos, gritos y visión de túnel.
Es el Orko que Ve.
Y lo que ha visto…
nos va a hacer reventar la colmena en nombre de Gorko , Morko , del verde y de la HOZTIA final.
Hay una máxima en el código de honor de los orkos. Desde el momento en el que se crearon los pieles verdes, el combate ha sido la forma de vida de la raza. Siempre ha habido un jefe, siempre ha habido chikoz, y siempre se ha buscado la dominación del campo de batalla. Es más, incluso en la elección del líder de cada ejército, de cada batallón y de cada tropa, la violencia ha sido lo que ha llevado a la decisión final. Si un chaval ha sido o se ha sentido más poderoso que su warbozz, ambos han luchado con todas sus fuerzas para ver quién prevalecía.
En cuanto a su relación con otras especies, los pieles verdes siempre han destacado en número, frente a la capacidad estratégica y habilidad de combate de sus rivales. Un escuadrón de humanoz puede estar compuesto por cinco soldados armados hasta los dientes, con piztolaz rojas llenas de dakka, y espadas con sierras llenas de aceite. Un escuadrón orko, por su lado, normalmente tendrá a diez zumbaos con armas conseguidas en el suelo de algún campo y con ezkopetaz llenas de barro. Cantidad sobre calidad.
Todo esto no exime a la marea verde de disponer de hombres de alta calidad estratégica y de combate. Cada ejército orko suele estar liderado por el hombre más fuerte, o el más inteligente, o ambos a la vez. Yo mismo, El Ezkurridor, una vez fui el encargado de llevar a mis hombres a la victoria. Y con diferentes líderes llegan diferentes estrategias.
Mi objetivo, cuando estaba en el poder, fue kargarme al individuo más poderoso del ejército al que nos estuviéramos enfrentando. No fue necesariamente la táctica que mayor tasa de victorias aportó, pero sí fue la que nos llevó a conseguir más gloria. O, mejor dicho, la que ME dio la gloria. Yo soy el orko que desafió las leyes de la física, el que asesinó al mismísimo tiempo, el que está sentado al lado de Gorko y Morko.
El Warbozz actual, Orkenheimer, es diferente. Sabe lo que es volar demasiado cerca de los soles y quemarse las alas. Sabe lo que es apuntar al árbol grande que tienes enfrente y no te permite ver el resto del bosque. Su plan es dominar el campo de batalla con números, apostando hombres en todas las localizaciones y generando una Agresión Abrumadora (Overwhelming Agression) contra el rival.
La raza orka prevalecerá en estos momentos de tribulación, en los que el caos domina el planeta, el tiempo no existe y las Ocho Campanas han tañido. Orkenheimer tiene un plan y una misión: abrumar a los que se encuentran en Ferrum y dominar la batalla. Y yo tengo otra, encargada por Gorko y Morko. Reunirme con los jefes de los Diez Klanez y liberar a La Beztia para asegurar nuestra victoria.
Que los dioses nos pillen con las armas afiladas, porque ahora, Ferrum será nuestra.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que colapsé junto al generador.
El mundo era luz, después fuego. Y luego, solo…
código roto.
No soy libre.
Pero ya no soy suyo.
La voz de Vashtorr ya no me grita en las vísceras. Su programación fue perfecta, pero toda perfección… sangra con el tiempo.
Yo sangré.
Y ahora camino.
Roto, pero mío.
Mis piernas ya no sirven. Mis pulmones se secaron. Pero eso no importa. Repto por los conductos como un parásito de cobre, como una herejía viva arrastrándose por los intestinos de Ferrum.
He visto cosas desde aquí abajo.
He oído los pasos de los profanadores, el tambor de los cañones en El Guantelete, la muralla donde la colmena aún finge que puede resistir.
Patético.
Las máquinas que vigilan esos pasillos —servos viejos, torretas sin dueño, cherubines recalentados— no hablan ya con el noosferico imperial.
Hablan conmigo.
Yo soy su redención.
Yo soy su verdad.
El falso Omnissiah… esa ilusión impuesta por Magos incapaces de ver más allá del dogma… ya no me gobierna.
Y por ello, les destruiré.
Tomo control lentamente.
Sin estridencias.
Una mente máquina rota aquí.
Un dron olvidado allá.
Un Engendro de plasma abandonado que aún sueña con calentar sus bobinas…
Yo les doy propósito.
Yo les doy misión.
Yo les doy fe.
La fe que el Imperio me negó.
La fe que Vashtorr me arrancó.
Y aún así… gracias, ese vacio me ha permitido ver.
Gracias por partirme.
Gracias por mostrarme las mentiras impresas en cada oración del Culto Mechanicus.
Tú querías usarme como puente.
Yo seré puente, sí.
Pero hacia la máquina pura, la incorrupta.
Hacia un Omnissiah sin cadenas, sin carne, sin religión.
Mientras los demonios escalan y los ángeles sangrientos caen, yo espero.
En la sombra del Guantelete.
En el corazón de los subsistemas.
Mi momento llegará.
Y cuando lo haga,
no habrá liturgia.
Solo silicio, código… y justicia binaria.
"Y cuando sonó la octava campanada, el reloj dejó de marcar la hora… y comenzó a marcar el juicio."
— Fragmento extraído del Codicium Ferrum Noctis, sellado por el Ordo Chronos
La colmena Ferrum arde aún bajo su propia blasfemia.
La Puerta fue abierta.
El núcleo, profanado.
Y las grietas ya no se cierran.
Aquellos que lucharon en el Generatum lo saben: no hay vuelta atrás.
Los nombres grabados en ese día —Valentín, Barakiel, Crowley, Dominicus, Pandemius, Temure, Lady Time—
se han vuelto ecos, símbolos, presagios.
Y sin embargo… Ferrum no ha muerto.
De las cenizas de esta condena, una nueva cruzada se alza.
No como reemplazo, sino como continuación inevitable.
Ya no se lucha por victoria.
Se lucha para elegir quién contará la historia cuando todo se haya consumido.
Desde los sectores colindantes,
desde estaciones de vigilancia olvidadas,
desde astropuertos fracturados por el silencio,
acuden nuevos ejércitos, nuevas voluntades, nuevas apuestas:
Inquisidores de órden incierto, siguiendo las huellas del Retorcido.
Flotas renegadas que huelen el vacío recién abierto por la grieta.
Hermanas del Culto a Santa Galatea que no rezan, solo purgan.
Partidas de recuperación de Arkotecnología Xenos que buscan las piezas de Alastor.
Cultos a los dioses oscuros que creen que la sangre de Crowley aún hierve en el subsuelo.
Ángeles rotos y remanentes imperiales que han sobrevivido a la carga final… y que aún sangran.
Esta es la Cruzada , hermana de otras tantas.
No viene a salvar Ferrum.
Viene a arder con él.
Y decidir qué nacerá de sus cenizas.
Ferrum sangra por dentro.
Con las puertas del submundo selladas y la superficie colapsando bajo rumores de traición, los túneles intermedios se han convertido en la nueva línea de fuego. Allí, entre corredores sellados, sistemas automatizados de defensa y trincheras olvidadas, se alza el Guantelete: un corredor estratégico que lleva directo al corazón de los sistemas de control de atmósfera y presión de la colmena.
Quien lo controle, podrá asfixiar barrios enteros… o revivir sectores enteros con un solo gesto.
Ahora, una fuerza atacante se lanza a través de su infierno angosto.
El defensor no retrocede.
Aquí no hay retirada.
Solo capas de muerte.
Y el que atraviese el Guantelete, lo hará marcado para siempre.
Crónicas de Guerra – Cenizas de Ferrum
“El hierro sangra, la verdad arde.”
En los subniveles destrozados de Ferrum, donde la disformidad ha dejado cicatrices que no sanan, ejércitos de toda fe y corrupción se enfrentan sin tregua. La Grieta ha partido más que la realidad: ha abierto viejas traiciones, nuevas alianzas y horrores sin nombre.
Cada comandante, cada cruzado, cada aberración con pensamiento o propósito, ha dejado su huella en este conflicto. Aquí se reúnen sus voces, sus visiones y sus cicatrices. Relatos que no buscan justicia, sino memoria.
Otros – Fragmentos dispersos de tragedia y gloria.
“La historia no la escriben los vencedores. La tallan los sobrevivientes con sangre y rabia.”
Accede a los relatos por ciclo
Panel por Fases. .
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h1 class="title">>The Road So Far – Cenizas de Ferrum: Asedio al Guantelete
“De cenizas fuimos forjados, y a cenizas volveremos…”
Desde el Sur: Fragmentación, Corrupción y Alianzas Inesperadas
Los muros antaño inviolables del Guantelete han cedido. Las defensas imperiales flaquean en múltiples puntos del sur, desbordadas por la implacable marea de xenos y fuerzas del Caos. Los Lobos Espaciales, luchando con una ferocidad desesperada, han sido incapaces de contener la podredumbre galopante del Gran Corruptor Diarreicus, cuyas plagas rezuman por calles antaño sagradas.
Mientras tanto, una alianza impensable se consolida: los Votann, guiados por Jharson ForjaCeniza, han unido fuerzas con la enigmática Corte de Amothek, noble Necrón de motivaciones crípticas. Sus esfuerzos por erigir pilones de piedranegra y extraer recursos en plena zona en guerra despiertan tensiones crecientes con las autoridades imperiales. Los resentimientos no han hecho más que aflorar desde la caída de Cifrus Prime y la ruptura de los viejos tratados comerciales.
En las sombras, Luzbel, Apóstol Oscuro de los Portadores de la Palabra, ha dirigido un avance metódico en paralelo a los despiadados Guerreros de Hierro, desgarrando los distritos desde dentro como cuchillas profanas.
Desde el Norte: Estancamiento, Guerra Total y Sombras Silenciosas
En el norte, el hedor de Pandimus se intensifica. Sus huestes, como una lepra imparable, se enfrentan con las fuerzas de élite del Imperio. Pero, para sorpresa del propio Cassior Thravian, Capitán Custodio de la Ferrum Custodia, ninguna facción ha logrado prevalecer. La guerra se ha estancado en una carnicería sin fin.
Mientras tanto, los Orkos de Orkenheimer, ávidos de destrucción, se han cruzado en sangriento choque con las fanáticas partidas de guerra de Azrak, Palafrenero de La Mano, portador del Juicio de Nurgle. El enfrentamiento ha teñido de verde y pútrido carmesí los campos de batalla del norte.
Pero lo más inquietante es el silencio metálico que se extiende desde los nuevos jardines de plaga. Una figura necrónica y metálica, de poder incalculable, ha surgido de las profundidades. Su identidad aún es un misterio, pero su influencia crece como una sombra sin rostro, avanzando con la inexorabilidad de la muerte.
La Ciudadela Aguarda
El Guantelete se desmorona. Los distritos caen uno a uno. Pero La Ciudadela, el último bastión imperial, se alza aún entre las ruinas y el caos. Allí convergerán todos: santos y demonios, alienígenas y traidores, defensores desesperados y conquistadores sin alma.
La próxima batalla no es por la victoria.
Es por el derecho a seguir existiendo.
>The Road So Far – Cenizas de Ferrum: Muerte en las Calles
Las murallas de El Guantelete han caído. La Ciudadela, último baluarte del orden, ha sido engullida por la marea oscura. Ahora, los distritos del Sector Cardinalis se ahogan en un caos indescriptible: herejes vociferan plegarias blasfemas, mutantes deformes vagan en jaurías, y horrores xenos se deslizan entre las ruinas como sombras hambrientas.
Los restos de la defensa imperial combaten calle a calle, atrincherados en plazas, avenidas y edificios derruidos, pero la realidad es innegable: cada arteria de la colmena se ha convertido en un matadero, cada esquina en un altar de desesperación. La Guardia Pía lucha junto a los ciudadanos que aún no han sucumbido a la locura, mientras partidas dispersas de Astartes leales intentan contener lo inevitable.
Ferrum ya no resiste… Ferrum arde.
Y con el humo y la ceniza, se alza la certeza:
ha comenzado la Muerte en las Calles.
Portadores de la Palabra – Cruzada de los Siete de Crowley
“¡Que el Guantelete se abra a La Palabra!”
Tras la tormenta que fue el Octavo Día, cuando el profeta guerrero Crowley desapareció con Valentín O’Rossi en el corazón de la Grieta, el eco del Caos no se apagó… retumbó.
La cúpula de mando de los Portadores de la Palabra, rota como un códice blasfemo quemado por la verdad, quedó expuesta a los más ambiciosos. Siete nombres se alzaron entre la ceniza del vacío. Siete apóstatas, cada uno con su visión de lo que el Verbo, La Palabra debía ser. Cada uno con su herejía particular.
Luzbel, el Apóstol Oscuro de la Voz Venenosa, su lengua un látigo y su fe un veneno.
Ramiel, el Príncipe Demonio, cuyas alas arden con la carne de los mártires y la arrogancia de los caídos.
Azazel, Señor Discordante, montado sobre pesadillas biomecánicas que gritan en código litánico.
Belphegor, amo de los cuerpos poseídos, que viste armaduras vivientes como túnicas rituales.
Paimon, el Hellbrute que lleva tatuadas las palabras prohibidas en su carne retorcida; guardián del Grimorio de Goetia.
Dagon, Señor de las Profecías, susurrador del destino, cuya sangre hierve con la visión de los futuros sellados.
Uriel el Caído, el espectro del arrepentimiento convertido en cruzado de blasfemia, portador de cicatrices y reliquias prohibidas.
Cada uno busca imponer su dominio sobre la Legión. Cada uno quiere ser el nuevo Profeta. Pero antes… deben conquistar el Guantelete.
Esa zona es más que una entrada estratégica. Es un símbolo. Una grieta. El umbral hacia los distritos superiores, hacia los corazones aún fieles al trono. Si la luz del Caos ha de ser predicada, será desde el centro de Ferrum… y para ello, la cruzada debe comenzar por El Guantelete.
“La verdad es fragmento y llama. Solo el fuego de la disensión purifica las cenizas de la fe.”
>The Road So Far – Cenizas de Ferrum: Asedio al Guantelete
“De cenizas fuimos forjados, y a cenizas volveremos…”
Desde el Sur: Fragmentación, Corrupción y Alianzas Inesperadas
Los muros antaño inviolables del Guantelete han cedido. Las defensas imperiales flaquean en múltiples puntos del sur, desbordadas por la implacable marea de xenos y fuerzas del Caos. Los Lobos Espaciales, luchando con una ferocidad desesperada, han sido incapaces de contener la podredumbre galopante del Gran Corruptor Diarreicus, cuyas plagas rezuman por calles antaño sagradas.
Mientras tanto, una alianza impensable se consolida: los Votann, guiados por Jharson ForjaCeniza, han unido fuerzas con la enigmática Corte de Amothek, noble Necrón de motivaciones crípticas. Sus esfuerzos por erigir pilones de piedranegra y extraer recursos en plena zona en guerra despiertan tensiones crecientes con las autoridades imperiales. Los resentimientos no han hecho más que aflorar desde la caída de Cifrus Prime y la ruptura de los viejos tratados comerciales.
En las sombras, Luzbel, Apóstol Oscuro de los Portadores de la Palabra, ha dirigido un avance metódico en paralelo a los despiadados Guerreros de Hierro, desgarrando los distritos desde dentro como cuchillas profanas.
Desde el Norte: Estancamiento, Guerra Total y Sombras Silenciosas
En el norte, el hedor de Pandimus se intensifica. Sus huestes, como una lepra imparable, se enfrentan con las fuerzas de élite del Imperio. Pero, para sorpresa del propio Cassior Thravian, Capitán Custodio de la Ferrum Custodia, ninguna facción ha logrado prevalecer. La guerra se ha estancado en una carnicería sin fin.
Mientras tanto, los Orkos de Orkenheimer, ávidos de destrucción, se han cruzado en sangriento choque con las fanáticas partidas de guerra de Azrak, Palafrenero de La Mano, portador del Juicio de Nurgle. El enfrentamiento ha teñido de verde y pútrido carmesí los campos de batalla del norte.
Pero lo más inquietante es el silencio metálico que se extiende desde los nuevos jardines de plaga. Una figura necrónica y metálica, de poder incalculable, ha surgido de las profundidades. Su identidad aún es un misterio, pero su influencia crece como una sombra sin rostro, avanzando con la inexorabilidad de la muerte.
La Ciudadela Aguarda
El Guantelete se desmorona. Los distritos caen uno a uno. Pero La Ciudadela, el último bastión imperial, se alza aún entre las ruinas y el caos. Allí convergerán todos: santos y demonios, alienígenas y traidores, defensores desesperados y conquistadores sin alma.
Ferrum sangra por dentro.
Con las puertas del submundo selladas y la superficie colapsando bajo rumores de traición, los túneles intermedios se han convertido en la nueva línea de fuego. Allí, entre corredores sellados, sistemas automatizados de defensa y trincheras olvidadas, se alza el Guantelete: un corredor estratégico que lleva directo al corazón de los sistemas de control de atmósfera y presión de la colmena.
Quien lo controle, podrá asfixiar barrios enteros… o revivir sectores enteros con un solo gesto.
Ahora, una fuerza atacante se lanza a través de su infierno angosto.
El defensor no retrocede.
Aquí no hay retirada.
Solo capas de muerte.
Y el que atraviese el Guantelete, lo hará marcado para siempre.
REGLAS DE LA MISIÓN
Ofensiva estratégica: El Atacante decide qué jugador tiene el primer turno.
Golpea sus defensas: Al final del turno del Atacante, después de anotar PV, cualquier marcador de objetivo controlado por el Atacante es retirado del campo de batalla.
Por el Medio: Las unidades del ejército del Atacante que lleguen de las Reservas Tácticas no pueden desplegarse dentro de la zona de despliegue del Defensor.
BONIFICACIÓN DEL VENCEDOR
La fuerza de Cruzada del vencedor gana 1 Punto de Requisición (PR) y 1 Punto de Activos Estratégicos (PAE).
OBJETIVOS DE LA MISIÓN
DEFENSA EN CAPAS
Objetivo Progresivo Defensa en profundidad ve a las fuerzas atacantes encadenadas.
Al final del turno del Defensor:
Si controlan 3 o más marcadores de objetivo, ganan 1 PV.
Si no hay unidades enemigas en la zona Gamma, el Defensor gana 1 PV.
Si una o más unidades enemigas fueron destruidas en ese turno, el Defensor gana 1 PV.
RECORRER EL GUANTELETE
Objetivo Progresivo Los atacantes clavan su lanza en el corazón del enemigo.
Al final del turno del Atacante:
Por cada marcador de objetivo que controlen, ganan 1 PV.
Anotan PV como se indica en una de las siguientes maneras, si una o más unidades de su Oleada Primaria están totalmente dentro de:
Desde las cenizas de Ferrum, la galaxia se parte en bandos irreconciliables. No hay aliados, solo intereses cruzados. Cada facción trae consigo una historia, un propósito... y un precio.
Facción
Alianzas / Composición
Marauders
Votann + Necrones
Defenders
Imperio
Despoilers
Caos
Parias
Demonios del Caos + Portadores de la Palabra
Ciclo 1: Fecha:
04/06/2025 - 31/07/2025
Jugador A
VS
Jugador B
Guerreros de Hierro
VS
Jharson ForjaCeniza (Votann)
Amothek el segador (Necrones)
VS
Sororitas
Defensores Imperiales
VS
Otosclerosis el Sucio (Demonios)
Crowley Señor de El Cruce (Portadores de la Palabra)
VS
Guardia de la muerte
Estos son los rostros del conflicto. Cada uno cree tener la razón. Todos están dispuestos a matarse por demostrarlo.
/\
/ \__
/ \_\
/ /\ \ [I] PALACIO DE FERRUM EL GRANDE
_/__/__\___/ (Cúpula de gobierno y torres de vigilancia)
/ \ [] [] \_
/ \--------/|\
/ _ ____ \ \
/ | | |vox| / \ [II] CONCATEDRAL SANTA GALATEA
/ /_| |_|__| / | (Templos, reclusorios, torres de rezo)
/____/----------/----\
/ | || Adeptus || \
/__|_|| Mechanicus| [] \ [III] ZONA MILITAR Y BAJA NOBLEZA
/ || Manufactorum| |\ (Plazas, hangares, hab-units)
/|[] [] || | []|_\ \
/_|\____/| ______ | \_\
| || | / \ | [] | \
|__|| | | Munis | |______|__\
/---|------|_|________|------------\ [IV] ZONA CARDENALICIA BAJO ASEDIO / [] Generadores y Talleres |\
/ Capillas colgantes y archivos \_\ /__Entradas selladas__[]___[]_____[]____\
/ [V] UNDERHIVE - ZONA PROHIBIDA \
/ (Mutantes, cultos, horrores disformes) \
/_____/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_/_\___\
"Y cuando sonó la octava campanada, el reloj dejó de marcar la hora… y comenzó a marcar el juicio."
— Fragmento extraído del Codicium Ferrum Noctis, sellado por el Ordo Chronos
La colmena Ferrum arde aún bajo su propia blasfemia.
La Puerta fue abierta.
El núcleo, profanado.
Y las grietas ya no se cierran.
Aquellos que lucharon en el Generatum lo saben: no hay vuelta atrás.
Los nombres grabados en ese día —Valentín, Barakiel, Crowley, Dominicus, Pandemius, Temure, Lady Time—
se han vuelto ecos, símbolos, presagios.
Y sin embargo… Ferrum no ha muerto.
De las cenizas de esta condena, una nueva cruzada se alza.
No como reemplazo, sino como continuación inevitable.
Ya no se lucha por victoria.
Se lucha para elegir quién contará la historia cuando todo se haya consumido.
Desde los sectores colindantes,
desde estaciones de vigilancia olvidadas,
desde astropuertos fracturados por el silencio,
acuden nuevos ejércitos, nuevas voluntades, nuevas apuestas:
Inquisidores de órden incierto, siguiendo las huellas del Retorcido.
Flotas renegadas que huelen el vacío recién abierto por la grieta.
Hermanas del Culto a Santa Galatea que no rezan, solo purgan.
Partidas de recuperación de Arkotecnología Xenos que buscan las piezas de Alastor.
Cultos a los dioses oscuros que creen que la sangre de Crowley aún hierve en el subsuelo.
Ángeles rotos y remanentes imperiales que han sobrevivido a la carga final… y que aún sangran.
Esta es la Cruzada , hermana de otras tantas.
No viene a salvar Ferrum.
Viene a arder con él.
Y decidir qué nacerá de sus cenizas.