“El Orko que Ve”
Relato de El Ezkurrio montado en El Ezkurrapato
Llevo días.
Días subío encima del Ezkurrapato, ese zamarrao loco que solo sigue a uno: El Ezkurridor.
Pero el jefe… el jefe se ha ido.
No en plan de irse a saquear. No.
Se ha ido… de la cabeza.
Desde que salimos del cráter del generador, no ha vuelto a partirle el cráneo a nadie. Ni ha gritao, ni ha tirao nada.
Se metió en el desierto de escombros y polvo disforme y empezó a cantar.
Un salmo, dice. ¡Un salmo! ¡El Ezkurridor, el mismo que una vez meó sobre una comuna de weirboyz, está cantando salmos!
Tres días.
Tres noches.
Sin dormir. Sin comer. Sin darme una buena zurra.
Yo creo que lo han dao por muerto los dioses esos del caos. Que tanta “Hoztia” al cráneo le ha dejado el cogote más blando que pan mohoso.
Y justo cuando pensaba bajarme del Ezkurrapato e irme con los kabolez a robar chatarra, pasa.
La fogata cambia de color.
El verde… no el verde de las esporas, ni el de la bilis… otro verde.
Más profundo. Más grande.
Y ahí, ¡BOOM!, cae un rayo sin nube. Un destello. Un olor a profecía en el aire.
Y sale ÉL.
Un orko viejo. Más viejo que el tiempo.
Sin ojos. Sin dientes. Sin razón aparente para seguir vivo.
Pero con una risa de esas que hacen temblar los pellejos.
— "Ezkurridor… hijoh de hoztias… hijoh del grieto… el moomento ha llegao…"
Lo juro por los dientes del Gargante que me crió: ¡el viejo hablaba en lengua profética!
Yo no entendía nada, pero el Jefe…
El Jefe calló.
Por primera vez.
El viejo orko se acercó, chasqueando con su bastón hecho de huesos de marinez y radios de moto orka.
— "Solo puede haber un Orko que Ve. Uno que guíe a la raza al Punkamachaka eterno. Tú ereh él. Tú lo ha visto too. El generador, la puerta, la Lady Tiempo, el gritoh de la Galatea, los siete demonios, ¡las luces de colores!”
Yo me hice pis. Literal. Pero el Jefe…
El Jefe lloró.
Y el viejo, con una sonrisa sin cara, le dio la vara.
Una vara de jefe, sí, pero no de jefe de guerra. Una vara de destino.
Luego se disolvió en chispas verdes. Como una estrella fugaz hecha de pedos y fe.
Y el Jefe…
El Ezkurridor…
Se arrancó los ojos.
Se los arrancó con las uñas, mientras reía.
Ahora está ciego. Pero lo ve todo.
Sus ojos son cenizas. Pero su voz es truenoh.
Ya no es solo un jefe de guerra.
Ya no es solo un chiflado con motos, gritos y visión de túnel.
Es el Orko que Ve.
Y lo que ha visto…
nos va a hacer reventar la colmena en nombre de Gorko , Morko , del verde y de la HOZTIA final.

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