Portadores de la Palabra – Cruzada de los Siete de Crowley
“¡Que el Guantelete se abra a La Palabra!”
Tras la tormenta que fue el Octavo Día, cuando el profeta guerrero Crowley desapareció con Valentín O’Rossi en el corazón de la Grieta, el eco del Caos no se apagó… retumbó.
La cúpula de mando de los Portadores de la Palabra, rota como un códice blasfemo quemado por la verdad, quedó expuesta a los más ambiciosos. Siete nombres se alzaron entre la ceniza del vacío. Siete apóstatas, cada uno con su visión de lo que el Verbo, La Palabra debía ser. Cada uno con su herejía particular.
- Luzbel, el Apóstol Oscuro de la Voz Venenosa, su lengua un látigo y su fe un veneno.
- Ramiel, el Príncipe Demonio, cuyas alas arden con la carne de los mártires y la arrogancia de los caídos.
- Azazel, Señor Discordante, montado sobre pesadillas biomecánicas que gritan en código litánico.
- Belphegor, amo de los cuerpos poseídos, que viste armaduras vivientes como túnicas rituales.
- Paimon, el Hellbrute que lleva tatuadas las palabras prohibidas en su carne retorcida; guardián del Grimorio de Goetia.
- Dagon, Señor de las Profecías, susurrador del destino, cuya sangre hierve con la visión de los futuros sellados.
- Uriel el Caído, el espectro del arrepentimiento convertido en cruzado de blasfemia, portador de cicatrices y reliquias prohibidas.
Cada uno busca imponer su dominio sobre la Legión. Cada uno quiere ser el nuevo Profeta. Pero antes… deben conquistar el Guantelete.
Esa zona es más que una entrada estratégica. Es un símbolo. Una grieta. El umbral hacia los distritos superiores, hacia los corazones aún fieles al trono. Si la luz del Caos ha de ser predicada, será desde el centro de Ferrum… y para ello, la cruzada debe comenzar por El Guantelete.
“La verdad es fragmento y llama. Solo el fuego de la disensión purifica las cenizas de la fe.”

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