El Canto de la Podredumbre
Testimonio recuperado del voxgrabador de T-94 Galian Dren, Guardia del Guantelete, Sector Delta.
Ya no sé cuánto tiempo llevo en este zanja. Mis costillas crujen con cada respiración y la sangre se me ha secado en el casco. A mi lado, Hektor ya no se mueve. Su pecho explotó como una fruta madura hace horas, y las moscas hacen guardia sobre él como estandartes vivos.
Escucho... algo. No son botas. Son pisadas húmedas, mullidas. Como si el barro se arrastrara sobre sí mismo. Y luego los vi.
Un campo entero, cubierto por una alfombra de musgo, espinas negras y flores marchitas... que brotaban de cadáveres aún tibios. Caminaban entre ellos pequeñas criaturas rechonchas, con barrigas translucidas llenas de pus, tarareando tonadas incomprensibles mientras arrojaban entrañas como semillas. Donde tocaban, nacía vida. Vida enferma. Vida que supura.
Y en el centro de esa procesión... Un trono. No, una colina viva, llevada por enjambres de demonios menores. Sobre ella, una figura abotargada, retorcida en sí misma por siglos de exceso. Su piel era líquida. Su carne olía como leche podrida. Y su sonrisa...
Oh, la sonrisa.
Me vieron. No corrí. No podía. Mi cuerpo se había rendido.
Los pequeños demonios me alzaron como un niño, riendo, babeando, lamiendo mis heridas mientras me llevaban ante el trono. El aire era espeso. Cada respiro una súplica. Entonces, él habló.
“Ohhh, mi dulce frutita caída…”
“Tanto sufrimiento, tanta pena…”
“Tu cuerpo canta para Él, ¿lo sabes?”
“Tus vísceras entonan mejor que cualquier lira.”
No podía hablar. Solo escuchaba.
“Este mundo… tan seco, tan frío. Pero ya florece.”
“Gracias a ti. Gracias a todos ustedes.”
“El jardín se alimenta. La cosecha es... deliciosa.”
Sentí su dedo —si se le puede llamar así— presionar mi frente. Mi carne burbujeó al contacto. Mi mente se agrietó.
“¿Ves ahora?
Lo estéril será fértil.
Lo muerto, fértil.
Todo será… jardín.”
El cielo se volvió verde. Las nubes sangraron. Y la tierra me tragó.
La última imagen fue una piscina de caldo pútrido, un caldero enorme donde lanzaban cuerpos —algunos vivos aún— y de donde surgían raíces. Una rueda, girando. Una danza de podredumbre.
Y entonces, solo negro.
Nota Administratum: Este testimonio fue recuperado parcialmente por un servocráneo, hallado pegado a una raíz orgánica cerca del borde del sector Delta. Ningún cuerpo de la Guardia pudo ser recuperado. El área ha sido reclasificada como Zona de Exclusión Verdeclase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario