Dominicus el Pío - La Araña y el Proyecto Vitas.

Muerte en las calles - Ciclo 1

EL Proyecto Vitas.


Avanzo lentamente por los pasillos silenciosos del Palacio Pío, el eco metálico del sarcófago vital acompasando cada uno de mis pasos. Sé que allá fuera, los Lobos Espaciales, los Templarios Negros e incluso los orgullosos Custodios cazan sin descanso a los remanentes imperiales que aún osan oponérseme. Todos ellos mueven sus piezas al compás del Edicto Carmesí… pero no son más que marionetas, títeres danzando al ritmo que yo impongo.

Un espasmo me corta el pensamiento. Un pulso de dolor, súbito, feroz, como un hierro candente clavándose en mi pecho. El sarcófago reacciona de inmediato, inundando mis venas con el frío químico que sofoca, una vez más, la podredumbre que Pandemius dejó en mí. El alivio es breve. El sabor amargo permanece.

Me detengo ante los tanques de éxtasis. Las figuras que flotan en su interior parecen almas atrapadas en el momento exacto de su rendición. Cuerpos encorvados, torsos retorcidos, miradas vacías… recuerdos de mis errores, de fracasos que no puedo permitirme repetir. El Proyecto Vitas debe avanzar. La Araña no me fallará. Nunca lo ha hecho. Y menos ahora, cuando el éxito está tan cerca que casi puedo tocarlo.

Me inclino hacia uno de los cristales y mi reflejo me devuelve una imagen que no es la mía… o tal vez sí. Una silueta corrupta, irreconocible, monstruosa. La visión me hiela un instante, y sin darme cuenta, una lágrima áspera y seca desciende por mi mejilla. Pero la congoja no dura. El dolor se convierte en rabia, y la rabia en un grito silencioso que arde en mi garganta.

Clamo a la Sedienta que Perdura, imploro que su deleite devore y ahogue la peste que Pandemius me legó. Que no quede en este sector memoria alguna de otro Imperio que no sea el mío. Un destello púrpura atraviesa mis pupilas y siento la respuesta en lo más hondo de mi ser.

Continúo mi marcha, guiado por los gritos que llegan desde el laboratorio de La Araña. Son gritos afilados, dolientes… pero para mí son cánticos sagrados. Dulces himnos de sufrimiento, el néctar que alimenta mis sentidos y mi propósito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario