La Entidad 3: El Ezkurrio y la Sombra.

Botonera y SVG Corregido

Bienvenido a la Cruzada Oldicus

Haz clic en los botones para navegar.

El Ezkurrio y la Sombra

El Ezkurrio y la Sombra

La oscuridad era densa aquella noche, pesada como una manta empapada, y el aire olía a azufre y desesperación. Yo, el Ezkurridor, avanzaba a través de la oscura maleza de Ferrum, con mi palafrenero, el Ezkurrio, detrás de mí. El pequeño grot gruñía de vez en cuando, tal vez por la fatiga o por el frío que lo calaba hasta los huesos. Pero para mí, todo parecía normal, una simple patrulla rutinaria por los rincones más sucios de la ciudadela.

De repente, un cambio en el aire me hizo detenerme. El Ezkurrio se detuvo también, y la luz de las estrellas pareció apagarse, aunque no veía nubes. Algo estaba mal.

—¿Qué pasa, Ezkurrio? —gruñí, dándole un empujón. Pero no me respondió.

Giré hacia él, y fue entonces cuando lo vi: sus ojos, usualmente apagados, ahora brillaban con un resplandor antinatural. Una luz roja, como si las entrañas del inframundo se reflejaran en su mirada. No era él. Ya no era él.

El Ezkurrio comenzó a moverse, pero no como siempre. Su cuerpo se tensó, como si fuera una marioneta controlada por hilos invisibles. Los dientes de la criatura se mostraron en una mueca torcida, su rostro deformado por algo que no entendía. Aquel que había sido mi leal palafrenero ya no estaba.

De pronto, una presión indescriptible invadió mi mente. Una voz profunda y resonante, como un susurro infernal, surgió de lo más profundo de la oscuridad. No venía de ninguna dirección en particular, sino de todas partes a la vez.

*"¿Te parece que estás en control, Ezkurridor?"* La voz retumbó en mi cerebro. *"¿Crees que puedes desafiar lo que está más allá de tu comprensión?"*

Mis músculos se tensaron y un sudor frío me recorrió la espalda. Intenté moverme, gritar, pero mi cuerpo no respondía. La paralización fue instantánea, y mi voz se quedó atrapada en mi garganta. Me estaba quedando sin aliento.

*"No tengo paciencia con los de tu clase, Ezkurridor,"* continuó la voz. *"Puedo aplastarte como si fueras una simple hormiga. Pero seré breve, porque no quiero perder más tiempo con seres tan inferiores."*

La oscuridad a mi alrededor pareció crecer, envolverlo todo. En ese momento, vi los ojos del Ezkurrio de nuevo. Ya no eran sus ojos. Eran ojos que no pertenecían a un grot, ni a ningún ser mortal que pudiera existir en este plano. Eran los ojos de algo antiguo, algo que había observado el universo durante eones.

*"Pronto serás asediado,"* la voz de la entidad dijo, esta vez con un tono más cálido, casi juguetón. *"Por un ser que conoce demasiado bien la oscuridad, uno que no se detendrá hasta que se haya adueñado de todo lo que has logrado. Alastor, el líder del Astra Concilium. El mismo que espiará cada uno de tus pasos. Pero no es él lo que más me interesa, Ezkurridor."*

Mis pensamientos fueron un torbellino. ¿Alastor? ¿El mismo que había sido parte del Astra Concilium? ¿Pero qué quería de mí, de mi oscurum? Mis ojos brillaron con furia mientras trataba de forcejear contra la fuerza que me mantenía inmóvil, pero todo fue en vano.

*"Es vital que no permitas que tu oscurum caiga en manos equivocadas,"* dijo la entidad. *"Si no cedes a tus peores impulsos, si eres capaz de mantener tu dominio sobre lo que te pertenece, te daré lo que más deseas: la clave para liberar a La Bestia de su prisión teseráctica. La Bestia que yace en las profundidades de Trazyn, esperando el momento en que su liberación sea posible. ¿Te interesa?"*

Mi corazón palpitaba fuertemente en mi pecho. La Bestia. Todos sabíamos de la criatura contenida en los confines del teseracto de Trazyn. Nadie había logrado liberarla, ni siquiera los más grandes guerreros de la galaxia. El poder que esa Bestia podía otorgar era inmenso. Y aquí, ante mí, esa voz me ofrecía la llave para liberarla. Pero el precio… ¿cuál sería el precio?

*"No te atrevas a fallarme, Ezkurridor,"* la voz se convirtió en un gruñido bajo y retumbante. *"Si lo haces, serás nada. Y mi paciencia tiene un límite."*

La presión desapareció de repente, y mis piernas cedieron bajo el peso de mi propio cuerpo. Caí al suelo, jadeando, incapaz de hablar, pero entendiendo perfectamente el mensaje.

La entidad había desaparecido, y el Ezkurrio se desplomó también, devolviendo su cuerpo a su estado inerte. Mi mente seguía sumida en el caos, las palabras de la entidad resonando en mis pensamientos. No había tiempo que perder.

La sombra de Alastor se cernía sobre mí. La Bestia estaba más cerca que nunca. Y yo era el que debía decidir si seguir el oscuro sendero que la entidad me había señalado o caer en las garras de mi propio destino.

El futuro estaba hecho de sombras, y ahora, por primera vez, la oscuridad parecía tener una voz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario