Epílogo: Ferrum in morten: Al Otro Lado de La Brecha.

Muerte en las calles - Ciclo 1

Al Otro Lado de La Brecha.


Al otro lado de la fractura, la realidad no se rompió.
Se agrietó, sostenida a la fuerza por los pilones necrones que se alzaban como agujas de piedra negra clavadas en el tejido del universo. Su zumbido grave y constante anclaba el espacio, ralentizando el avance de la disformidad, obligándola a existir bajo reglas que no le eran propias.

Ferrum había caído.
El Palacio Pío estaba perdido, arrancado de la realidad junto con gran parte de la colmena. Allí donde antes se alzaban torres y cúpulas sagradas solo quedaba un vacío vibrante, una herida abierta de la que emergían horrores disformes, chillando al verse forzados a una existencia imperfecta.

Las primeras oleadas se abalanzaron sobre el campo de batalla real, desgarrando carne y acero con la misma facilidad. La línea imperial se quebró al instante.

Pero no colapsó.

En el Sector Industrial, entre fábricas mutiladas y conductos de promethium en llamas, surgió una línea de defensa improvisada. Los restos dispersos de fuerzas imperiales, mercenarios, tecnoguerreros y supervivientes civiles fueron empujados a posiciones defensivas imposibles por una voluntad ajena.

Bajo el férreo mandato de un misterioso Señor Supremo necrón, las defensas se realinearon con precisión inhumana. Campos de anulación se desplegaron. Geometrías de fuego cruzado se recalcularon al instante. Donde había caos, apareció orden artificial.

La tecnología necrona hizo lo impensable: permitió que aliados de conveniencia lucharan hombro con hombro. Bólteres dispararon junto a gauss. Rezos desesperados se mezclaron con pulsos de energía verde. Civiles atrapados entre líneas eran evacuados… o sacrificados… según dictaba la probabilidad de supervivencia del conjunto.

No había heroísmo.
Solo contención.

Cada demonio destruido no era una victoria, sino un segundo ganado. Cada pilón activo retrasaba el horror, pero no lo detenía. La brecha rugía, presionando, buscando romper la jaula de piedra negra que la aprisionaba.

La batalla fue cruda. Cercana. Silenciosamente desesperada.

Porque todos los presentes lo sabían, aunque nadie lo dijera en voz alta:
Si la línea del Sector Industrial caía…
la realidad seguiría a Ferrum.

Y entonces, no habría otro lado de la brecha.

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