Acto V: Ciclo de Khorne I. La Caída sobre Ilas.

Muerte en las calles - Ciclo 1

Acto V: El Ciclo de Khorne. La caída sobre ILas


La caída no fue un descenso...

Fue un desgarro en la mismísima realidad , un descenso a los mismísimos infiernos, un paraje de locura.


Desde la grieta abierta en Ferrum, los héroes y los condenados se precipitaron juntos, arrastrados por fragmentos del Palacio Pío, estandartes rotos, altares consagrados y cuerpos que aún no sabían que estaban muertos. La realidad se desgarró por última vez y los escupió en Ilas, un plano de la disformidad donde el suelo latía y el aire olía a hierro caliente.


Ilas crepitaba bajo el influjo de Khorne.


Cada impacto contra la superficie fue una sentencia. La sangre no caía: corría hacia la guerra. Espadas rotas volvieron a alzarse. Puños cerrados olvidaron el dolor. Incluso los más puros sintieron el susurro inconfundible de la matanza, una urgencia primal que prometía claridad a través del combate.


No hubo órdenes.

No hubo retirada.


Solo enemigos.


Custodes lucharon sin estrategia, guiados por la furia. Templarios Negros avanzaron ignorando heridas mortales, juramentos convertidos en gritos de guerra. Los restos del ejército orko, privados de líder pero no de violencia, se dispersaron en un caos de colisiones sangrientas que alimentaban el plano mismo.


Ilas respondió.

Cada muerte lo hacía más real.


Y entonces, desde la tormenta de acero y vísceras, Valacor observó.


El príncipe demonio sonrió, con una mueca lenta, satisfecha. Nuevos juguetes habían caído en su dominio. Campeones sin amo. Odios sin propósito. Miró con especial deleite a los Templarios Negros, tan obcecados en perseguir los restos del Waaagh, incapaces de detenerse, incapaces de cuestionar su propia furia.


—Sabroso —pensó Valacor—. Un tentempié de ira desmedida.


La guerra había comenzado.

Y en Ilas… nunca termina.

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