Ze Bienen KOZITAZ

Muerte en las calles - Ciclo 1

¡MALDITO PANDEMIUS!

¡ME HAN TIMADO! ¡ME HAN REKAGAO! ¡EL MALDITO TRAMPOSO ESE DE PANDEMIUS NO JUEGA LIMPIO!

Lanzo una mesa por el kampamento, estampándola contra una pila de chatarra con un estrépito metálico. Los gretchins chillan y se esconden tras los barriles, sabiendo que cuando estoy así de cabreado, lo mejor es no estar cerca.

¡TODO POR SU KULPA!

Miro a mi alrededor, enfurecido, golpeando la pared de mi tienda con un puño.

¡Tenía un plan! Un plan bien orkestrao, con toda la banda lista pa’ destrozar a Alastor, ¡pa' pillar el Obscurum y demostrar ke el WAAAGH! manda en este zector! Pero no, el muy asqueroso de Pandemius me enredó en su jueguito, en su peste, en su asko.

¡Y AHORA ESTOY SOLO!

¡SOLO! ¡Ocupándome de TODAS LAS KUKARACHAS del Zector!

¡Los necrones por un lado, los mimados espaciales por otro, los adoradores de los pinchos dando por saco y los bichos esos con demasiadas patas mordiendo donde no deben! ¡No hay respeto, no hay honor, no hay diversión! ¡Solo trabajo y más trabajo!

¡¿Y PANDEMIUS QUÉ?!

¡Ríéndose con su peste, con su risa pegajosa, mientras yo tengo ke pelear contra todo lo ke se mueve?!

Resoplo, mirando mi hacha. Esto no se keda así.


Entonces lo noto.

Silencio.

Demasiado silencio.

Me doy la vuelta lentamente… y ahí está él.

El Doktork Grapadora.

Con su típica bata manchada de grasa, con su sonrisa desquiciada, sosteniendo un cacharro raro entre sus enormes zarpas mecánikas. Pero lo importante no es el chisme… es lo que hay dentro.

El Kubete de la Beztia.

Ha estado en mi tienda durante semanas, vibrando, brillando de un verde enfermizo, zumbando cada vez que un orko se le acerca. No sabíamos qué hacer con él. Hasta ahora.

El Doktork se ríe, enseñando sus dientes afilados.

—¡Ya lo tengo, jefe! ¡Ya he entendío cómo funka!

Mi mirada se endurece.

—¿Y? ¿Y qué hace?

Él suelta una risita entrecortada y levanta el aparato.

—¡Creeeo que puedo liberar a la Beztia!

Silencio.

Las palabras flotan en el aire, demasiado pesadas para ser ignoradas.

—¿Liberarla…? —repito, con el ceño fruncido.

El Doktork asiente con entusiasmo.

—Sip. Pero no tengo claro si será pa' siempre… o solo un ratito.

El aparato en su mano parpadea con una luz inquietante.

Miro el Kubete, la energía que bulle en su interior, el poder del WAAAGH! contenido, esperando ser desatado.

Mi rabia se disipa.

Mi sonrisa se ensancha.

—Hazlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario